—¿Señora Olmo? ¿Regresó? ¡Voy a avisarle a Sofía!
Antes de que Marisa pudiera detenerla, la empleada ya estaba hablando por el radio.
—¡Sofía! ¡La señora volvió! ¡Está en la sala principal!
Del otro lado, la voz de Sofía sonó eufórica:
—¿Qué? ¿La señora volvió? ¡Por lo que más quieras, no dejes que se vaya! ¡Voy para allá!
Marisa se acercó a los sofás y miró a la otra empleada con una sonrisa resignada.
—Este... Rubén y yo estamos divorciados.
Ya no era la señora de la casa.
La empleada sonrió, apenada.
—Ay, perdón, fue la costumbre. ¡Lo siento!
Otra empleada se acercó para ofrecerle algo de tomar.
—¿Qué le ofrezco, señora? ¿Un té, jugo, o prefiere leche?
Marisa suspiró. Daba igual, que la llamaran como quisieran. No iban a cambiar la costumbre de un día para otro.
—Jugo, por favor.
—¡Enseguida, señora! ¡Le preparo uno fresco! ¿Lo prefiere dulce o un poco más ácido?
Marisa respondió sin pensarlo:
—Ácido, por favor.
La empleada bromeó:
—Señora, recuerdo que antes le gustaba todo más dulce.
Marisa se dio cuenta de que últimamente sentía mucha preferencia por los sabores ácidos. Sentía que le abrían el apetito; seguro tenía que ver con su malestar estomacal.
—Últimamente no tengo mucho apetito, así que lo ácido me cae bien.
A la empleada le brillaron los ojos.
—Entonces, quédese a cenar, señora. El señor Olmo llegó y todavía no ha probado bocado. Pueden cenar juntos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...