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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 961

Rubén respondió con indiferencia:

—Sofía, si ya lo decidiste todo, ¿tengo alguna opción de negarme?

Sofía soltó una risita.

—Es un detalle sin importancia, señor. Sabía que no le molestaría.

Marisa tomó su vaso y bebió un sorbo de jugo de naranja. Antes le habría parecido demasiado ácido, pero hoy le supo a la gloria.

Tanto que, en tres tragos, se lo acabó todo.

Rubén la miró con sorpresa.

—¿Quieres que Sofía te traiga otro?

Marisa dejó el vaso vacío sobre la mesa y negó con la cabeza.

—No, gracias. Quiero guardar espacio para la cena.

Rubén miró su propio vaso, que seguía intacto. De pronto, una imagen cruzó por su mente y, sin poder evitarlo, las palabras salieron de su boca:

—¿No acabas de cenar en esa fonda con César? ¿No te llenaste?

Cualquiera que escuchara esas palabras detectaría al instante el tono de celos.

Pero Marisa no notó nada extraño.

Asumió que el Rubén actual jamás sentiría celos por ella.

—Comí bien, pero se me antojó la comida del chef de tu casa. Últimamente he estado comiendo mucho más de lo normal.

Rubén miró el vaso vacío y sonrió levemente.

—Sí, ya me di cuenta.

Hizo una pausa y luego añadió:

—Si tanto te gusta la comida de aquí, puedo enviarte al chef a tu casa. Y también a unas cuantas empleadas. Tu casa es enorme, seguro puedes habilitar unos cuartos para ellos.

Marisa rechazó la oferta de inmediato.

—No, gracias. La verdad, me he acostumbrado a vivir sola y me encanta.

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