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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 971

Solo pudo llevar a la joven hasta la oficina y, una vez adentro, susurrarle al oído a Marisa:

—Oye, somos una galería de arte, no una fundación benéfica. Solo podemos comprar si la obra tiene valor de inversión, ¿entendido?

Marisa le dio unas palmaditas en el hombro.

—Lo sé, no te preocupes.

Pero antes de que Fabiana pudiera salir de la oficina, la joven se arrodilló de golpe en el suelo, dándoles a ambas un susto de muerte.

Marisa se apresuró a intentar levantarla.

—¡No, no, no hagas esto! Por favor, levántate. Solo muéstrame tus obras, no tienes que hacer esto.

La joven desenrolló las tres pinturas que había traído.

El uso de los colores era audaz, vibrante y, sobre todo, los lienzos desbordaban una emoción cruda y desgarradora.

Antes de que Marisa pudiera dar su veredicto, la joven habló con voz temblorosa.

—Son tres cuadros... quiero venderlos por medio millón. ¿Se puede?

Fabiana, que aún no había salido, abrió los ojos como platos.

—¿Medio millón? ¿Por qué no mejor vas a asaltar un banco?

En esa industria, una obra de un artista desconocido y sin trayectoria llegaba a costar, como máximo, unos cuantos miles.

La joven volvió a desplomarse de rodillas, golpeando el suelo.

—Mi hermana pequeña está muy enferma. Si no consigo medio millón, no podrán salvarla.

Aunque estaba postrada en el piso, su mirada era ferozmente decidida.

Marisa frunció el ceño, con el corazón apretado.

—¿Necesitas todo ese dinero de inmediato?

Tras preguntar, se agachó para obligar a la persona a ponerse de pie.

—Si te vuelves a arrodillar, no te compraré nada.

—Ahorita necesito al menos cien mil para la emergencia, pero el médico ya hizo los cálculos, todo el tratamiento costará medio millón, ni un centavo menos.

Marisa tomó una respiración profunda.

Capítulo 971 1

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