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El Día que Se Rompió la Promesa romance Capítulo 537

Javier no podía quitarse de la cabeza el diario que Adolfo le había mostrado, ese que Yesenia había escrito con su puño y letra.

El diario había estado oculto entre la funda del colchón de Yesenia. Cuando Joaquín mandó limpiar la casa de campo, lo encontraron ahí, bien escondido. Se lo entregaron a Adolfo, y después de leerlo, Adolfo no dudó en pasárselo a Javier.

Desde ese momento, Javier no dejó de pensar en el dolor que sintió al leer cada palabra escrita por Yesenia. El sufrimiento se le quedó clavado en el pecho.

Yessie se había desviado del buen camino. Pero todo fue culpa de Zulma, que la arrastró y la retorció a su antojo.

Solo era una niña. Una niña que anhelaba el amor de su madre.

Desde que tenía memoria, lo que más quería en el mundo era que su mamá la quisiera como las otras mamás quieren a sus hijos.

Yessie pensaba que si obedecía a su mamá, si hacía todo lo que le pedía, algún día lograría que Zulma la quisiera.

Si no la amaba, debía ser porque no era lo suficientemente buena, porque todavía le faltaba para complacerla.

Así que cuando Zulma le pidió que le tendiera una trampa a Pilar, Yesenia lo hizo sin rechistar.

Cuando le ordenó hacerle lo mismo a Verónica, igual, la niña obedeció.

Si le decía que fingiera estar enferma para engañar a Adolfo y que fuera a verla, también lo hacía.

Cada vez que cumplía con las órdenes de Zulma y lo hacía bien, su mamá la premiaba.

Eso reforzó en Yesenia la idea de que hacerle daño a Pilar, o hacer sufrir a Verónica y a su hija, era lo correcto.

A fuerza de tantas manipulaciones, Yesenia terminó con la mente torcida.

Zulma fue quien destruyó a Yessie. Y al final, la mató.

Mientras más pensaba Javier en todo eso, más dura se volvía su mirada.

No podía olvidar la última frase del diario de Yessie: “Mamá, Yessie te quiere mucho. ¿Tú podrías querer a Yessie también?”

—¡Zulma, eres una víbora! ¡Me gustaría abrirte el pecho y ver si ese corazón tuyo es tan negro como parece!

La navaja que Javier presionaba contra el pecho de Zulma de repente se hundió con fuerza.

El filo cortó la piel con facilidad. Zulma sintió perfectamente cómo la hoja le iba abriendo la carne.

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