Pero al segundo siguiente, como si recordara algo, esbozó una sonrisa muda.
Una sonrisa cargada de amargura y desprecio.-
¡Lo que Ireneo no sabía era que padecía de astenospermia severa, lo cual lo hacía prácticamente estéril!
Aquel primer año de casados, al ver que no quedaba embarazada, la familia Soler se impacientó. La obligaron a hacerse estudios, temiendo que ella tuviera algún problema que truncara el linaje.
Ella fingió obedecer, pero como le parecía injusto, arrastró a Ireneo al hospital para que también se examinara.
Al tratarse de un tema delicado, le pidió a una amiga doctora que hiciera los análisis. Cuando salieron los resultados, su amiga la contactó a ella primero.
Sabiendo lo orgullosos que son los hombres, Sabrina temió que Ireneo se deprimiera, así que tomó la decisión de interceptar el reporte médico y ocultárselo.
Su amiga la consoló diciendo que la esterilidad por astenospermia severa no era absoluta, pero que lograr un embarazo en esas condiciones era como ganarse la lotería.
A partir de entonces, ella estudió dietas especiales, buscó a un experto en medicina natural y le preparó hierbas que bebían juntos. Hacían ejercicio, mantenían horarios estrictos, comían sano, y ella le prohibió fumar, beber y trasnochar.
¡Y el cielo se apiadó de ellos, porque logró quedar embarazada!
Pero con el paso de los años, el trabajo en la empresa aumentó. Ireneo viajaba constantemente, se quedaba hasta tarde, tomaba alcohol en reuniones de negocios y respiraba humo de cigarro, todos factores letales para los espermatozoides.
Además, Josefa vivía en el país Maxurin, e Ireneo apenas la visitaba un par de veces al año.
Así que las posibilidades de que ese bebé fuera realmente de él eran nulas.


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