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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 127

Una avalancha de recuerdos cruzó por la mente de Fabio.

Pensó en la última vez que Vanesa había desaparecido; su partida había sido tan definitiva que ninguna de sus tácticas logró sacarla de su escondite.

No hasta que él mismo logró rastrearla.

Luego recordó la sonrisa radiante y desafiante de hacía un momento, llena de absoluta seguridad.

El pánico se adueñó cada vez más del rostro de Fabio.

No podía permitir que le pasara nada a Vanesa.

Si algo malo le sucedía a ella, sus acciones en la empresa se esfumarían para siempre.

Sin detenerse a pensar, Fabio se sacudió el agarre de Giselle con brusquedad y se dispuso a salir tras Vanesa.

—¡Fabio! —Giselle pegó un grito.

Sus reflejos no le fallaron, y trató de retenerlo a toda costa.

Pero ya era inútil; Fabio había echado a correr hacia la salida.

El repentino arrebato paralizó la sala; un silencio pesado cayó sobre todos, seguido de inmediato por una marea de murmullos.

El equipo y la asistente se quedaron de piedra, sin saber si debían continuar con el evento o cancelarlo todo.

Giselle se quedó petrificada. La luz de los reflectores iluminaba su rostro, dejando al descubierto una expresión de total bochorno.

En ese instante de humillación, comprendió exactamente lo que significaba la mirada provocadora de Vanesa.

Vanesa estaba absolutamente segura de que Fabio la seguiría.

Porque el bebé que llevaba en su vientre era la única carta de garantía que Fabio tenía para heredar sus acciones.

Giselle apretó los puños con tanta fuerza que le dolieron, luchando por no perder los estribos frente a todos.

¡"Fabio Serrano abandona a Giselle Rivas y sale corriendo tras misteriosa mujer"!

El escándalo no tardó ni cinco minutos en convertirse en el titular del día.

Al reaccionar, los paparazzi se abalanzaron sobre Giselle buscando respuestas.

Giselle se tragó su furia y recuperó la compostura al instante, midiendo cada palabra para seguir cubriéndole las espaldas a Fabio.

—El señor Serrano siempre tiene una agenda muy apretada, seguro surgió alguna emergencia laboral. Pero eso no tiene por qué arruinar nuestra noche, ¿verdad? —respondió Giselle, proyectando su habitual imagen de calma y dulzura.

Sabía que, por más que la situación la devorara por dentro, no podía permitir que el nombre de Fabio se viera salpicado.

Si quería que Fabio terminara odiando a Vanesa, tenía que jugar sus cartas de manera magistral y sin un solo error.

En cuestión de minutos, el mánager y la asistente lograron calmar las aguas.

La fiesta continuó su curso.

...

Al salir del hotel, Vanesa no tardó en encontrar el auto de Sofía Zamora estacionado en la acera.

Abrió la puerta y subió con rapidez.

Sofía no había despegado los ojos de las transmisiones en vivo, por lo que sabía perfectamente el circo que se había armado.

En cuanto vio a Vanesa subir, le levantó el pulgar en señal de aprobación.

—¡Por fin te pusiste los pantalones, Vane! Qué bien que empezaste a defenderte. Acabo de ver cómo se le caía la cara de vergüenza a Giselle en vivo y en directo; fue una verdadera joya —dijo Sofía, sin filtro alguno.

Sofía conocía de pies a cabeza la enfermiza relación a tres bandas entre Vanesa, Fabio y Giselle.

Solo que, hasta ahora, Vanesa siempre había optado por tragarse su orgullo.

Se aferraba a la idea de que Fabio y Giselle solo eran amigos.

Pero la tensión sexual entre esos dos era tan evidente que hasta un ciego se daría cuenta.

Incluso cuando salió a la luz el embarazo de Giselle, la única salida de Vanesa había sido huir y exigir el divorcio.

Lejos de devolver el golpe como lo acababa de hacer.

—Esa tipa se pasó tres pueblos, es lógico que terminaras estallando —soltó Sofía, evidenciando su total desagrado por Giselle—. Esos fans suyos están hipnotizados por esa carita de niña buena, pero la verdad es que es una mosquita muerta y una víbora.

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