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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 128

Vanesa soltó una pequeña risa, sin darle mucha importancia al asunto.

—Vámonos, no podemos quedarnos mucho tiempo aquí.

—Listo —dijo Sofía. Arrancó el auto y se alejaron rápidamente del lugar.

No fue hasta que estuvieron circulando por la avenida principal que Sofía miró a Vanesa.

—Vane, ¿qué vas a hacer ahora? Si yo fuera tú, cortaría todo lazo con Fabio de una buena vez, que no te vuelva a ver la cara en su vida, ¡así se queda sin un solo centavo de la herencia de los Serrano!

Vanesa escuchó en silencio, tomándose su tiempo para responder.

Al notar su actitud reflexiva, Sofía no pudo evitar preocuparse.

—Vane...

Vanesa levantó la mirada y le sonrió para tranquilizarla.

—Llévame al mercado nocturno.

Sofía se quedó de una pieza.

—¿Y a qué vamos al mercado nocturno a estas horas?

—A celebrar la cara de humillación que se le quedó a Giselle —respondió Vanesa con total serenidad.

Luego bajó la mirada y explicó en voz baja:

—No puedo esfumarme y dejar que me pierda el rastro. Vicente todavía está en sus manos. El otro día lo vi, mi hermano todavía tiene ganas de vivir. No puedo simplemente lavarme las manos y olvidarme de él. Quiero que se recupere, sacarlo de ahí y empezar una nueva vida juntos.

—Además, la gente de la familia Urbina me buscó. Todavía no he tenido la oportunidad de hablar con Dante al respecto. Si la opción de Dante se cae, tendré que buscar otra salida.

Vanesa expuso sus planes con total tranquilidad.

Respecto a lo ocurrido hoy, sabía perfectamente que solo había sido una piedra en el zapato de Giselle.

Pero ya no era una presa fácil, y no iba a permitir que Giselle se siguiera saliendo con la suya.

Si antes aguantaba y cedía, era únicamente porque aún albergaba la esperanza de arreglar las cosas con Fabio.

Pero ahora que esa esperanza había muerto, no había motivo para seguir rebajándose.

—Vane, igual me da mala espina... Si sigues actuando así... —murmuró Sofía, mirándola con el ceño fruncido.

Pero Vanesa estaba totalmente segura de sí misma.

Cerca de allí, un grupo de estudiantes con uniforme escolar pasaba riendo, comentando entre ellos que irían al mercado nocturno a comprar comida antes de regresar a clases.

Al escuchar eso, los ojos de Fabio se afilaron; de repente, una idea cruzó por su mente.

A Vanesa también le encantaba ir a los mercados nocturnos.

Durante sus siete años de matrimonio, Vanesa se la había pasado aguantando humillaciones la mayor parte del tiempo.

Ya fuera por su culpa o por la de la familia Serrano, siempre había tenido que tragar saliva.

Pero Vanesa jamás se quejaba, y a él tampoco le importaba indagar en sus sentimientos.

Ella recurría a la comida para aliviar su angustia.

Cuando El Patriarca Serrano aún vivía, se daba cuenta de que la relación entre Vanesa y Fabio no era el cuento de hadas que aparentaba.

Solía reprender a Fabio, advirtiéndole que si no aprendía a valorarla, tarde o temprano se arrepentiría.

Fue gracias a las palabras del abuelo que Fabio se enteró de lo mucho que a Vanesa le gustaba ir al mercado nocturno.

Sus ojos brillaron con intensidad, encendió el motor rápidamente y salió disparado en dirección al mercado.

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