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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 178

Solos en el lugar, Fabio Serrano y Giselle Rivas estaban frente a frente.

Giselle bajó la mirada, como si estuviera sumida en sus pensamientos.

Fabio no la apresuró.

Estaban muy cerca el uno del otro, pero Giselle tampoco hizo el intento de tomarle la mano.

Después de un largo silencio, la voz de Giselle sonó suave y cargada de melancolía: —Fabio... Últimamente la presión aquí en el país es demasiada para mí. Por eso quiero irme. Si me quedo, tarde o temprano no podré ocultar mi vientre. ¿De qué sirve que deje de trabajar? Los paparazzi seguirán al acecho, y tengo miedo de terminar colapsando.

Hacia el final de su confesión, su voz se quebró, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas y una expresión de total vulnerabilidad.

—Es mejor que me vaya. Allá los paparazzi no me acosarán, no tendré que estar esperando verte todos los días, ni me torturaré imaginando qué haces con tu esposa. Será lo mejor para el bebé. Si me quedo, vivo con el terror de que algo malo le pase —dijo Giselle, con los ojos ya enrojecidos.

Hablaba y lloraba al mismo tiempo.

Fabio permaneció de pie, inmóvil.

La miró desde su altura y, con una paciencia inusual, intentó consolarla: —Hazme caso, regresa conmigo. No me siento tranquilo si te vas del país. Ya hablamos de esto, solo tienes que esperar a que consiga las acciones y todo se solucionará.

Dicho esto, Fabio tomó la mano de Giselle con naturalidad, dispuesto a llevársela.

Giselle nunca se rebelaba contra él.

Pero esta vez, apartó su mano bruscamente del agarre de Fabio.

Al ver su mano vacía, la mirada de Fabio se oscureció.

Clavó sus ojos en ella, con una clara advertencia: —Giselle, regresa conmigo.

Su tono fue mucho más severo.

Giselle negó con la cabeza, llorando a mares: —¡No quiero volver! ¡No quiero soportar todo esto sola, quiero irme del país!

Era la imagen viva del sufrimiento y la desesperación.

De inmediato, se aferró a la mano de Fabio con desesperación: —Fabio, no quise decir eso, escúchame, de verdad no era mi intención...

Al ponerse nerviosa y ansiosa, sus emociones se desbordaron.

Y con la alteración, su rostro palideció drásticamente.

En el pasado, Fabio se habría alarmado al instante.

Pero ahora, solo la miraba en silencio, sin decir una palabra.

—De verdad lo hago por tu bien, no quiero que estés en una posición difícil —sollozó Giselle con más fuerza—. Solo quiero lo mejor para ti. Si me voy, te ahorraré muchos problemas. Vanesa ya no te hará la vida imposible. Puedo cuidarme sola en el extranjero.

Giselle hablaba en un tono bajo, asegurándose de que cada palabra sonara como un sacrificio por amor.

Después de todo, era una actriz brillante; sabía exactamente cómo conmover con su discurso.

Al escucharla, una punzada de culpa atravesó el pecho de Fabio.

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