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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 180

La asistente continuó hablando rápidamente: —Se lo juro, la señorita Rivas no me pidió que hiciera esto. Las últimas veces que se sintió mal, ni siquiera quiso llamarlo, solo avisó al doctor. Puede confirmarlo con él si quiere.

Dicho eso, la asistente adoptó una expresión de duda, como si estuviera debatiéndose internamente sobre si debía decir algo más.

—¡Habla! —ordenó Fabio, con la mirada aún más oscura.

—No sé si debería decirlo... —murmuró ella, mirándolo con evidente nerviosismo.

—¡Te dije que hables! —La paciencia de Fabio estaba al límite.

Esta vez, la asistente no dudó más: —Escuché que la señora Serrano le hizo un par de llamadas a la señorita Rivas hace poco. No sé qué le dijo, pero cada vez que colgaban, la señorita Rivas terminaba llorando desconsolada.

Fabio frunció el ceño y clavó los ojos en la asistente, sorprendido.

¿Vanesa llamando a Giselle?

—¿Cuándo fue eso? —preguntó con voz severa.

—La última vez fue hace un par de días —respondió la asistente tras pensarlo un momento.

El rostro de Fabio se descompuso.

Con razón Vanesa parecía tan segura de tenerlo comiendo de la palma de su mano.

Él había creído que ella sería incapaz de hacer algo tan bajo.

Nunca imaginó que esa mujer, con su apariencia inofensiva, le estuviera tendiendo trampas por la espalda.

Esa revelación lo llenó de asco.

La oscuridad en su mirada se volvió aterradora.

—Señor Serrano, ella solo lo escucha a usted. Por favor, hágala volver. De verdad tengo miedo de que algo malo le pase —suplicó la asistente—. Últimamente ha estado demasiado inestable.

Soltó un largo y pesado suspiro.

Cada palabra destilaba preocupación genuina.

Esta vez, Fabio no lo dudó. Sacó su teléfono y llamó a Giselle de inmediato.

Mientras marcaba, empezó a correr hacia el interior del aeropuerto.

Cuando la llamada conectó, Giselle guardó silencio.

Fabio usó su tono más autoritario: —Gigi, bájate de ese avión y regresa ahora mismo.

—Fabio... lo siento... —murmuró ella, aún con la voz llorosa.

—Ya vi los informes que me dio tu asistente. Haré que traigan a los especialistas de Massachusetts hasta Jalapa. No tienes que irte del país —dijo él de forma tajante.

Las fotos en alta definición captaban la desesperación de Fabio, cómo corría por los pasillos y la angustia en su rostro mientras hablaba por teléfono.

Ese era el Fabio que solo existía para Giselle.

Con Vanesa, jamás había mostrado una emoción tan humana.

Ah... Él nunca le había dedicado ni una pizca de compasión, mucho menos algo más profundo.

Después de siete años de matrimonio, Vanesa ya estaba anestesiada.

Porque siempre terminaba de la misma manera.

Él era capaz de mover cielo y tierra por Giselle, mientras que a ella la desechaba sin dudarlo.

No importaba cuánto se esforzara ni cuánto sacrificara.

Frente a Giselle, ella no valía nada.

Esa crueldad implacable solo reforzó la decisión de Vanesa de marcharse para siempre.

No quería que esas noticias de la farándula le arruinaran más la noche, así que cerró la app.

Sin embargo, el hecho de que Giselle realmente se hubiera ido fue algo que Vanesa no vio venir.

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