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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 285

Vanesa se quedó rígida al instante.

Sabía que Fabio era capaz de cumplir lo que decía.

Y el bebé apenas tenía 27 semanas.

Si nacía, podría sobrevivir.

Pero el riesgo era gigantesco.

Ella no podría llevárselo consigo.

El destino de su hijo quedaría en manos de Fabio.

Si el intercambio del paquete accionario llegaba a concretarse, nadie podría garantizar la seguridad del bebé.

Ante ese pensamiento, cualquier impulso rebelde en Vanesa se desvaneció de golpe.

No podía arriesgarse.

Sintió una angustia paralizante y asfixiante que le oprimía el pecho.

Pero al menos, logró que sus emociones se estabilizaran.

El doctor se inclinó para darle unas indicaciones.

—Señora Serrano, por el bien de su bebé y el suyo propio, necesita mantener la calma —suspiró el doctor, resignado.

Vanesa no respondió.

El doctor le administró una inyección, no se demoró más y salió de la sala.

Las enfermeras trasladaron a Vanesa de vuelta a una habitación normal.

Fabio las siguió en silencio, con el rostro inexpresivo.

No fue hasta que estuvieron solos en la habitación que Fabio clavó su mirada en Vanesa.

Una mirada cortante y directa.

Vanesa no la evadió y lo enfrentó con serenidad.

—¿Por qué llamaste a Julián? —le recriminó Fabio.

Vanesa esbozó una sonrisa débil.

—Como no pude comunicarme con usted, Señor Serrano, no me iba a quedar ahí esperando a morir, ¿o sí? Es simple instinto de supervivencia.

—Podrías haber llamado al 911, en lugar de contactar a Julián. Esa excusa no te sirve —se burló Fabio, sin piedad.

—Fabio, el instinto humano nos hace buscar primero a alguien conocido, es lo más seguro. Porque no sabía qué más me podía pasar. —Vanesa mantuvo su tono monótono—. Incluso si yo no quisiera tener a este bebé, tampoco tengo intenciones de perder la vida.

Había una doble intención en sus palabras; sobre todo, sarcasmo puro.

Por un momento, Fabio se quedó sin palabras ante su respuesta mordaz.

Un silencio espeso inundó la habitación.

Pero al mirar a Fabio, de pronto sonrió.

Fabio frunció el ceño, desconcertado por su sonrisa.

Pero verla actuar de esa forma le hizo sentir que estaba perdiendo el control.

Y Fabio no sabía exactamente en qué momento había empezado a perderlo.

—Fabio. —Tras su sonrisa, Vanesa pronunció su nombre con total frialdad.

Fabio no respondió, pero la miró fijamente, sin pestañear.

Como si intentara adivinar qué iba a decir.

—Tú ya tienes a tu primer amor ideal. En cuanto registremos el acuerdo de divorcio, vas a poder llevarte de inmediato a tu primer amor a casa —dijo Vanesa, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Cada palabra suya destilaba ironía hacia Fabio.

—Para entonces yo también estaré soltera, ¿acaso no tengo derecho a volver a casarme? —remató con un tono helado.

Mantuvo su mirada clavada en él todo el tiempo.

Pero en sus ojos ya no quedaba ni un rastro del amor que alguna vez sintió.

Había una indiferencia absoluta.

La misma indiferencia que él le había demostrado durante todos esos años.

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