Al llegar al piso 14, la cabina tembló violentamente y las luces se apagaron por completo.
Quedaron a oscuras en un espacio cerrado.
Vanesa sufría de claustrofobia.
No gritó, pero su cuerpo se encogió instintivamente en un rincón.
En la oscuridad, cualquiera pensaría que mantenía la calma, pero si alguien se acercaba, notaría que estaba temblando incontrolablemente.
Fabio lo notó de inmediato.
Su expresión cambió. No esperaba que el elevador fallara.
En realidad, su plan era regresar a su suite. Había tenido una pequeña discusión con Giselle abajo y no quería seguir ahí.
Pero al ver a Vanesa en el piso 28, algo lo impulsó a quedarse en el ascensor.
Definitivamente, esto no estaba en sus planes.
—Vanesa —la llamó, acercándose rápidamente.
Mientras la cabina seguía atascada, a ella le temblaban las piernas.
No pudo resistir más, se agachó y se abrazó las rodillas, intentando hacerse bolita.
—Tranquila, es solo una falla técnica. Voy a pedir ayuda —le dijo con tono firme.
Ella no respondió.
Fabio presionó el botón de emergencia, pero no funcionaba.
Frunciendo el ceño, sacó su celular para llamar.
Como era de esperarse en esa situación, no había señal.
Guardó el teléfono y volvió al lado de ella.
—No te asustes, el personal de mantenimiento se dará cuenta enseguida —intentó calmarla.
Vanesa seguía sin hablar, abrazándose con fuerza.
—¿Le tienes miedo a la oscuridad? —le preguntó de repente.
En un ataque de pánico como ese, escuchar a alguien hablar podía ayudar a reducir la ansiedad.
Ella no contestó. Solo quería salir de allí.

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