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EL HOMBRE POR EL QUE LO DEJÉ TODO NUNCA ME AMÓ romance Capítulo 58

De inmediato, se escuchó el sonido del teléfono cayendo al piso, seguido por el ruido de un cuerpo desplomándose.

El rostro de Fabio perdió todo rastro de color.

Vanesa, por su parte, se quedó de pie en silencio, como si la escena no fuera con ella.

Ahí estaba la diferencia. Cuando ella tuvo una hemorragia y casi pierde a su bebé, tuvo que llamar sola al 911.

Giselle solo necesitaba hacerse la víctima, y Fabio movería cielo y tierra por ella.

Por primera vez, Vanesa pensó que el nombre de Giselle le sentaba a la perfección.

Una mosquita muerta.

Ja.

Pero ante esa abismal diferencia, Vanesa ya se sentía adormecida, aunque esa apatía no lograba anestesiar el dolor punzante en lo más profundo de su ser.

Sentía que le desgarraban el corazón.

¡Plaf!

El sonido de una bofetada resonó en el aire.

Fabio le había cruzado el rostro con una fuerza brutal; sus ojos estaban inyectados de furia y había perdido todo el control.

—¡Vanesa, si le pasa algo, lo pagarás con tu vida! —le gritó enfurecido.

Tras soltar la amenaza, dio media vuelta y salió disparado del hospital.

Vanesa se tambaleó y tuvo que agarrarse del barandal más cercano para no caer. Se quedó ahí, observando fríamente cómo él desaparecía a lo lejos.

Tenía una cosa muy clara: ya no podía quedarse en Jalapa ni un segundo más.

Tendría que adelantar su plan de escape.

Porque ahora Fabio sabía de su embarazo.

Y no estaba segura de cuánto tiempo podría sostener su mentira.

Temía que un simple error terminara costándole la vida a su bebé.

Si eso pasaba, la culpa la carcomería por el resto de sus días.

Sin perder tiempo, salió del hospital. En el trayecto de vuelta a su departamento, llamó a la agencia de trámites.

—Por favor, envíen mis documentos para la visa para Estados Unidos de inmediato. Pagaré el costo por el trámite exprés, pero necesito que sea lo antes posible —exigió Vanesa con urgencia.

—Haremos lo que podamos, señorita, pero hay demasiadas solicitudes en este momento y las citas están saturadas. A menos que sea por razones humanitarias, no podemos agilizarlo —respondió el agente con evidente incomodidad.

Y al compararla con la agresividad reciente de Vanesa, su mirada se endureció aún más.

Sintió un profundo desprecio hacia su esposa.

Pero, irónicamente, también por Vanesa, Fabio parecía distante.

Giselle, astuta como siempre, lo notó al instante, aunque no dejó que se reflejara en su rostro.

No sabía exactamente cuándo, pero Fabio había empezado a cambiar.

Antes, con la sola mención de Vanesa, él mostraba fastidio y hasta asco.

Pero ahora, sin que ella siquiera lo mencionara, parecía que Vanesa se había instalado en sus pensamientos.

Para Giselle, eso era una amenaza silenciosa, pero letal.

Y el momento en que Vanesa la llamó, Giselle entró en pánico de verdad.

¿Por qué Fabio no se divorciaba?

Si Vanesa estaba dispuesta a irse sin pedir un solo centavo, ¿por qué el que se aferraba a ella era Fabio?

Mientras más lo pensaba, más se tensaba.

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