Vanesa se mantuvo imperturbable.
De pronto, Fabio se inclinó hacia ella.
El corazón de Vanesa comenzó a latir con fuerza.
Apoyó sus manos en el borde de la cama, acercando su atractivo rostro cada vez más al de ella.
Quedaron a escasos centímetros el uno del otro.
Tan cerca que podían escuchar los latidos ajenos y sentir el aliento del otro en la piel.
Pero ni siquiera ante eso, Vanesa hizo ademán de apartarse.
—¿Qué intenta hacer, Señor Serrano? —preguntó ella de manera directa.
La intensa mirada de Fabio no se despegaba de la suya, mientras sus labios comenzaban a moverse.
Estaban tan pegados que el roce de sus bocas era inevitable cada vez que articulaba una palabra.
—Vanesa, ¿dónde está mi respuesta? —le exigió Fabio, marcando cada sílaba—. El próximo lunes es la ceremonia de inicio de rodaje de 'Anhelo'. Tus opciones son muy limitadas: o retrasas el inicio y reconstruyes los sets en el estudio, sabiendo que jamás alcanzarás los exigentes estándares de Leonardo Linares, o haces una réplica exacta de la locación real, lo cual implicaría un gasto absurdo de dinero. Y si no, solo te queda conformarte con lo que hay. ¿Y bien?
Fabio había puesto contra las cuerdas a Vanesa.
En el fondo, Vanesa sabía que no tenía otra salida.
Ella conocía las razones mejor que nadie.
No se trataba de que el equipo de producción no pudiera soportar el retraso, ni de que Leonardo Linares no estuviera dispuesto a esperar.
La que no tenía tiempo que perder era ella misma.
A medida que pasara el tiempo, el guion inevitablemente terminaría filtrándose entre todo el elenco.
Y entonces Giselle Rivas descubriría cuál era la verdadera trama de la película que estaba protagonizando.
Con lo suspicaz que era Giselle, sería imposible que no empezara a atar cabos.
Además, Vanesa no quería alargar este jueguito enfermo con Fabio.
Si su verdadera identidad salía a la luz.
Todo quedaría decidido, y ya no habría marcha atrás.
Consciente de su encrucijada, Vanesa miró en silencio a Fabio.
—Es bastante obvio que me has dejado sin opciones, ¿no es así? —dijo Vanesa, clavándole una mirada cargada de ironía.
No era una simple pregunta, era una jugada de ajedrez.

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