—¿En qué? —preguntó Vanesa, sintiéndose acorralada.
—En Paz —fue la cortante respuesta de Julián.
Ella se quedó sin aire.
—Mientras sigas enredándote en esto, ¿de verdad crees que un tipo tan astuto como él no atará cabos? Cuando tu identidad salga a la luz, ¿crees que no va a indagar más? El día que descubra la verdad, ¿vas a convertir a Paz en un trofeo de guerra en medio de un campo de batalla? ¿Cómo crees que lo va a procesar la niña?
Sus palabras fueron como dagas. El rostro de Vanesa perdió todo el color.
Lo último que quería en el mundo era arrastrar a su hija al fango.
—No... ella está protegida. Es una niña de la familia Jiménez. Nada le pasará —murmuró, casi intentando convencerse a sí misma.
—Claro que la familia Jiménez no dejará que la toquen, pero, cuando Fabio se entere de que es su sangre, ¿estás tan segura de que se quedará de brazos cruzados? —arremetió Julián sin piedad.
Esa pregunta la paralizó por completo.
No tenía respuesta para ninguna de esas verdades.
Julián bajó la mirada para observarla más de cerca.
Ella levantó el rostro, sintiéndose frágil.
—Vanesa Arias —la llamó por su nombre completo, marcando cada sílaba.
Vanesa sabía muy bien que cuando él usaba ese tono, era porque estaba al límite y lo que iba a decir hablaba muy en serio.
Ya no era el protector "Juli" tratándola con dulzura.
—Dime —respondió ella en un susurro.
—Me dijiste que no podías dejar todo esto porque necesitabas tu venganza; que querías encargarte personalmente de que Giselle terminara pudriéndose en el Centro Penitenciario de Jalapa —su voz se mantenía controlada, pero con un filo peligroso—. Todo eso lo puedo entender. Pero seamos sinceros... la verdadera razón de todo este circo es que, en el fondo, jamás has podido olvidar a Fabio, ¿me equivoco?
Sus últimas palabras resonaron cargadas de reproche.
Vanesa sintió que la arrinconaba.
Dejó escapar un suspiro inaudible.
Era innegable: Fabio era una herida que nunca cerró, un obstáculo que nunca pudo superar.
Y para Julián, esa misma herida sangraba de distinta forma.
El fantasma de ese hombre siempre estuvo parado justo entre los dos.

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