La expresión de Vanesa era un poco extraña: "Creo que el café helado de la mañana me cayó pesado, no me siento muy bien. Necesito ir al baño."
Julián no se guardó nada: "¿Cuántas veces te he dicho que no tomes cosas frías en la mañana? ¿Por qué lo sigues haciendo?"
Vanesa sacó la lengua, sin atreverse a replicar.
"Ve rápido, ahorita te llevo con el doctor", sentenció Julián con el rostro serio.
"Eres igualita, por eso Paz aprende todo lo malo de ti. Le digo que no coma helado, y va y se lo come a escondidas; y si la regaño, todavía se ofende." Julián estaba genuinamente frustrado.
Vanesa soltó un murmullo y no dijo nada más.
Se encorvó y caminó a hurtadillas hacia los baños.
Julián estaba tan molesto que se rio.
Al final, negó con la cabeza y se adelantó para ir por el auto.
A Julián no le gustaba tener chofer, prefería hacer esas cosas él mismo.
Quizá por sus experiencias pasadas.
La confianza que le tenía a los demás era nula comparada con la que se tenía a sí mismo.
Cuando Vanesa salió del baño, se sentía mucho mejor.
Julián ya le había mandado un mensaje.
Julián: [¿Todavía no terminas?]
Vanesa bajó la vista, lista para responderle.
Pero antes de que pudiera teclear una sola palabra, una fuerza bruta la tomó por la cintura.
"¡Ah...!", exclamó Vanesa asustada.
Para cuando reaccionó, Fabio Serrano ya le había tapado la boca y se la estaba llevando a la fuerza.
Vanesa miró a Fabio incrédula.
Pero él no pronunció ni una sola palabra.
Simplemente la arrastró por una salida trasera.
El coche de Fabio estaba estacionado allí, sin llamar la atención de nadie.
Porque todos los paparazzi estaban amontonados en la entrada principal.


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