En la primera foto, Fabio sostenía a Vanesa por la cintura mientras se daban un beso apasionado.
Había sido tomada justo a la salida del evento del claquetazo oficial.
Otras fotos los mostraban subiéndose al mismo vehículo, entrando al mismo hotel y caminando tomados de la mano.
Incluso había imágenes de su visita a Disneyland.
Ahí también aparecían Santiago y Paz.
Aunque los rostros de los niños estaban borrosos, era evidente para cualquiera que la pareja había llevado a dos niños al parque temático.
Uno era indudablemente el hijo de Fabio.
Y la otra niña se perfilaba como la pequeña heredera de la familia Jiménez.
La verdad estaba a la vista, pero los reporteros de farándula no perdieron la oportunidad para inventarse su propia telenovela.
Se inventaron identidades y trasfondos dramáticos para ambos niños.
Aseguraban que Vanesa y Fabio habían tenido una noche de pasión hace años, todo porque Vanesa compartía el mismo nombre con la difunta exesposa del magnate.
Y de esa aventura clandestina, habían nacido unos gemelos (niño y niña).
Supuestamente, Fabio se había quedado con el niño y Vanesa había huido con la niña.
Un embarazo oculto y lleno de secretos.
Según la prensa, el motivo por el cual Fabio se había casado con Giselle fue la culpa por haberle sido infiel, y la única condición de Giselle para casarse fue aceptar al niño como suyo.
Pero Vanesa, retratada como una mujer ambiciosa y calculadora, no se había quedado atrás. Al poco tiempo de dar a luz, había logrado seducir a Julián y se había convertido en la señora Jiménez.
Y ahora, por un giro del destino, los antiguos amantes se habían reencontrado y reavivado la llama de su romance prohibido.
Mientras leía todo aquel disparate, a Vanesa se le escapó una carcajada irónica.
Esos paparazzis de verdad estaban perdiendo el tiempo; deberían dedicarse a escribir guiones de televisión.
Curiosamente, habían acertado en un par de locuras.
Era una mezcla de medias verdades y mentiras descabelladas.
Por un momento, Vanesa ni siquiera supo cómo reaccionar para desmentir semejante historia.
—¿Vane? —la llamó Paz, curiosa al notar que su madre estaba absorta en la pantalla.
Vanesa parpadeó, regresando a la realidad.
—¿Qué pasa, cariño?
—¿De qué te ríes tanto? —preguntó la pequeña con los ojos muy abiertos.
—De nada importante —respondió Vanesa, quitándole importancia.
Se tomó un segundo para respirar profundo y se dispuso a marcarle a Julián.
Con esa bomba mediática recién explotada, era obvio que las puertas del aeropuerto debían estar plagadas de los paparazzi.

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