Lo que en un principio parecía un caso sencillo se había convertido en un laberinto enrevesado.
Hasta a Carlos le parecía un disparate absoluto.
Nunca imaginó que la verdad estuviera tan escondida y retorcida.
Si ninguna de las dos mujeres era la madre, significaba que no solo Fabio...
Sino que la mismísima Giselle había sido engañada de la manera más cruel.
Entonces, ¿de dónde había salido Santiago?
Fabio no perdió un solo segundo y llegó al lugar en tiempo récord.
Carlos salió a recibirlo: —Está adentro.
Fabio entró con paso firme y decidido.
Cuando el sujeto vio a Fabio, comenzó a temblar de pánico: —¿Quiénes son ustedes? ¿Para qué me han traído aquí?
—Solo di la verdad y te prometo que saldrás ileso —sentenció Fabio, con una voz gélida que calaba hasta los huesos.
El hombre lo miró con evidente incredulidad.
Pero acorralado en esa situación, no le quedaba otra salida.
—¿Tú eres Lucas Mansilla? —continuó Fabio—. ¿El asistente del Dr. Castro en aquel entonces? Repasa conmigo todo lo que ocurrió. Y no me mientas, porque yo soy el donante.
Las palabras de Fabio fueron directas como dagas.
Lucas asintió con miedo.
Miró los documentos que le habían entregado e intentó hacer memoria.

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