Vanesa levantó la vista, sosteniendo la mirada de Fabio, y dejó escapar una ligera sonrisa.
—Justo mi asesora de ventas me avisó que llegó la nueva colección, así que vine a echar un vistazo —respondió Vanesa—. Y de paso, a recoger un vestido de gala que pedí la última vez.
—¿Acaso la familia Jiménez no tiene el nivel para hacer que estas marcas te envíen la ropa a casa para que elijas? —preguntó Fabio, con un tono pausado y calculador.
—Podrían. Pero a mí me gusta salir de compras —sonrió ella.
Fabio murmuró un sonido de asentimiento.
De repente, su mano atrapó la de Vanesa, entrelazando sus dedos.
Fue un gesto muy discreto.
Seguramente los guardaespaldas los tapaban, impidiendo que los paparazzi captaran ese movimiento tan íntimo.
Vanesa bajó la vista hacia sus manos entrelazadas y se quedó callada.
No esperaba que Fabio se atreviera a ser tan descarado en público, sin importarle en lo absoluto ser visto.
Vanesa no sabía cómo describir lo que sentía.
¿Acaso de pronto había perdido la gracia el juego, o era otra cosa?
Ante esa situación, Vanesa simplemente se mantuvo en silencio.
—¿A qué tienda vamos? —continuó preguntando él.
Los labios rojos de Vanesa se entreabrieron.
Pero antes de que pudiera responder, notó un fuerte alboroto proveniente de la entrada.
Vanesa miró por el rabillo del ojo, manteniendo su expresión impasible.
Pero por dentro, sabía que la verdadera función estaba a punto de comenzar.
Fabio también volteó hacia el lugar del escándalo, frunciendo el ceño.
Todos los presentes, incluidos los periodistas, los fans del evento y el presentador, fijaron su atención en la entrada.
Incluso la propia Giselle miró hacia allí.
Y entonces, el rostro de Giselle se descompuso por completo.
Los que irrumpieron en el lugar eran dos personas de mediana edad, vestidos con ropa muy humilde.
El hombre ya tenía el cabello completamente blanco. La mujer, aunque lucía demacrada y envejecida, dejaba entrever que en su juventud había sido hermosa.
El público se quedó desconcertado, sin tener idea de quiénes eran estas personas.
Pero era evidente que venían directamente a buscar a Giselle.
Por supuesto, Giselle los reconoció al instante. Eran los padres de Camila.

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