Durante todo ese tiempo, Fabio no dijo ni una palabra.
De repente, Julián miró a Fabio y Dante se tensó de inmediato.
—Julián... —Dante no pudo evitar intervenir.
Realmente temía que la situación terminara en una tragedia.
Cuando Julián perdía los estribos, nadie podía detenerlo.
—Fabio, mantén los trapos sucios de la familia Serrano lejos de ella —advirtió Julián con expresión gélida.
Fabio lo miró, entrecerrando los ojos.
Julián no tenía ganas de dar más explicaciones.
Soltó una risa burlona: —Y dile a tu mujercita que esto no se quedará así.
—¿Qué hizo Giselle? —preguntó Fabio por fin.
—Vaya, ¿acaso no vas a preguntarle tú mismo qué hizo? Vanesa estuvo casada contigo por cinco años, ¿acaso esa pequeña que murió no era tu hija? ¿Nunca te detuviste a dudar cómo fue que perdió la vida? —Julián no se andaba con rodeos.
—Las personas cercanas a Vanesa, ¿cómo fue que esa mujer las empujó a la ruina una por una? ¿Tampoco te dio curiosidad?
—Sí, yo fui quien se llevó a Vanesa hace años, ¿y qué? ¿Acaso no hubo un accidente en medio de todo eso? ¿Crees que el chofer del accidente se metió en sentido contrario de la nada? ¿Nunca te pusiste a pensar quién orquestó todo eso?
El tono de Julián volvía a ser agresivo e implacable.
—Fabio, tienes un gusto pésimo. Y Vanesa también lo tiene; por eso terminó enamorándose de una bestia sin alma como tú.
Tras decir eso, Julián soltó otra carcajada seca.
Luego, se hizo un largo y pesado silencio.
Fabio siguió sin decir nada.
La luz del quirófano seguía encendida.
La operación de Vanesa era relativamente sencilla.
Así que no tardó en terminar.
Extrajeron la bala, trataron la herida y la trasladaron a la UCI.
Cuando el doctor salió, su expresión era bastante seria.
—La paciente aún no despierta, y no sabemos cuánto tardará. Tenemos que evaluar el impacto que sufrió en la cabeza; por ahora, está en la UCI —informó el médico con gravedad.

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