Como tocaba trabajar el sábado, había muy pocos compañeros la noche del viernes en la oficina. Solo quedaban algunos que se apresuraban a terminar unos planos para los clientes, además de Vera y Martina.
Martina estaba esperando a que su novio pasara por ella.
Ese día era su aniversario.
Tenían reservado un lugar para celebrar.
Al ver que Vera seguía trabajando, Martina se acercó con unas botanas y se sentó a su lado mientras la acompañaba a dibujar.
Desde que Vera terminó con Axel y se peleó con su familia, no les había pedido ni un solo peso.
Apoyando a sus profesores en proyectos, con trabajos de medio tiempo, haciendo proyectos rápidos por su cuenta y dando asesorías, Vera demostraba que no solo era excelente para el estudio y el trabajo, sino también muy hábil para ganar dinero.
Se podía decir que era una joven bastante solvente.
Pero aun así, seguía esforzándose al máximo en la empresa.
Martina señaló la pantalla con la barbilla.
—¿Te urgen para hoy en la noche?
—No hay prisa —respondió Vera, usando la calculadora para sacar las medidas de la rampa del estacionamiento subterráneo—. Con que los termine mañana es suficiente, pero quiero ir a nadar y no me dan ganas de venir a la oficina.
En primavera le gustaba andar en bicicleta por todos lados, en verano nadar, en otoño ir a la montaña y en invierno esquiar. No paraba nunca.
—Eres una maestra administrando tu tiempo, una extrovertida atrapada en el cuerpo de una introvertida —dijo Martina, levantando el pulgar.
A diferencia de ella, a Martina le daba mucha flojera moverse.
Vera sonrió. Ya estaba acostumbrada, el ejercicio la ayudaba a dormir mejor por las noches.
También le servía para liberar estrés.
Una vez que se volvía hábito, era difícil dejarlo.
—Ya llegó Teo Gómez, te dejo. Acuérdate de cenar, no quiero que te vuelva a dar gastritis —dijo Martina mientras se levantaba para irse.
Vera asintió y se despidió. Poco después de que Martina se fue, otros colegas también empezaron a salir, no sin antes recordarle amablemente que pidiera un Uber a su casa, ya que después de las nueve la empresa cubría el gasto.
La oficina quedó en silencio. Vera miraba los planos en AutoCAD en su pantalla.

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