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El Karma romance Capítulo 1170

La impotencia desgarraba el alma de Alexander mientras contemplaba aquellos recuerdos. Su ser entero anhelaba intervenir, proteger a su hermana, resguardarla del dolor tras su espalda. Pero ahí, atrapado en esas memorias ajenas, solo podía ser testigo mudo de cómo la humanidad de su hermana se desvanecía poco a poco, transformándola en algo que ya no podía reconocer.

Presenció su huida de aquella prisión, vio arder en sus ojos la determinación inquebrantable de arrastrar consigo a sus verdugos hacia el abismo. Y entonces, en el momento de su aparente victoria, la traición llegó certera como una bala, arrancándole la vida. El rostro de su hermana, congelado en una máscara de sorpresa y odio visceral, se grabó a fuego en la mente de Alexander, desatando un torbellino de emociones que amenazaba con consumirlo.

Un destello cegador iluminó la escena, y ante sus ojos se desplegó una verdad que lo cambiaría todo. Las piezas dispersas del rompecabezas encajaron con brutal claridad, trayendo consigo una avalancha de arrepentimiento y culpa que lo aplastaba sin piedad.

Mientras Alexander se sumergía en la agonía de esta revelación, en las calles de la ciudad, un sacerdote interrumpió su andar entre la multitud. Los ojos grises de Isidro se clavaron en el horizonte noroeste. El momento había llegado.

Sus pasos, aparentemente tranquilos, lo llevaban hacia su destino con una velocidad sobrenatural que confundía la vista de quienes intentaban seguir su movimiento.

En el laboratorio, la tensión era palpable mientras el equipo observaba la situación cada vez más preocupante de Alexander.

"¿Qué está sucediendo?", preguntó Ingrid, sus dedos presionados contra el cristal del ventanal mientras estudiaba cada detalle del rostro de Alexander.

Erik no apartaba la mirada de los monitores, observando las venas marcadas en la frente de su amigo y sus puños apretados con fuerza inconsciente, signos inequívocos de un tormento interno.

"¿Será un problema técnico?", cuestionó Marcus, abandonando por primera vez su característica serenidad.

Tras una minuciosa revisión de los instrumentos, Maxi y Jesper confirmaron que todo funcionaba según lo previsto.

"Es posible que los recuerdos de Arli...", sugirió Jesper, dejando que el silencio completara su inquietante teoría.

Todos comprendieron la implicación: cuando una personalidad dominante posee tal resiliencia y fortaleza, surge otra más oscura como mecanismo de protección, producto de experiencias traumáticas inimaginables.

Solo Alexander, al despertar, podría revelar la verdadera magnitud de lo que Arli había vivido.

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