¡Un pobre con otro pobre! ¡Qué pareja más adecuada!
Al sonar la campana del mediodía, Arlet y Pol salieron juntos, encontrándose justo con Rebeca y su acompañante. Al verlos, las dos aceleraron el paso inconscientemente.
Pol preguntó: “¿Ustedes se pelearon?”
Era obvio que algo pasaba, ya que las inseparables compañeras en ese momento parecían evitar verse, pero Arlet no le dio importancia, pues lo que definía la amistad no era el tiempo juntos, sino el corazón.
Apenas salieron del edificio escolar, se toparon con un tablón de anuncios lleno de fotos, y la protagonista era Arlet, por lo que cuando ella apareció, la gente empezó a notar su presencia y en el lugar comenzaron a escucharse comentarios por parte de los presentes.
“Es ella, esa chica.”
“De verdad es ella.”
“Aunque las fotos son algo viejas, se puede reconocer que es ella. Nunca imaginé que fuera huérfana y hasta revolvía en los botes de basura.”
“Viendo sus fotos pasadas, la pasó bastante mal. Ahora luce radiante, ni se le nota.”
“¿Huérfana? Pero yo escuché que era la señorita de alguna familia prestigiosa.”
“También lo he oído, parece que es una VIP Supreme del Hotel Corazón de Palma. Incluso le envían la comida al mediodía.”
“¿Entonces nos mintieron?”
“Seguro que nos engañaron.”
“Una huérfana que de repente es rica, es algo anormal pensar en ello.”
“No hay nada de anormal, seguro fue mantenida por algún rico, eso no es raro.”
Los murmullos de la gente llegaban por todos lados a los oídos de Arlet.
“Suéltame.” Dijo la chica y agarró su cabello.
Isabel soltó su mano a la vez que decía: “Me preguntaba por qué tu boca es así de torcida, debe ser porque hablas más de la cuenta.”
“Tú…” La chica estaba tan furiosa que no lograba decir ni una oración completa y las amigas que andaban con ella, se acercaron.
Isabel se arremangó mientras hablaba: “¿Entonces quieren pelear? Pues aquí me tienen, pero luego no se arrodillen llorando y pidiéndome clemencia.”
Isabel tenía un modo de hablar que realmente podía enfurecer a cualquiera.
“¿Y tú quién eres? Hablamos de Arlet, ¿qué te importa?” Preguntó la chica aquella, a lo que Isabel respondió: “Ella es mi mejor amiga, por tanto, si le hacen algo a ella, me lo hacen a mí también.”
“Ja, ¿crees que ella te considera su amiga? No ves que se queda ahí parada como una flor, dejándote a ti hacer el ridículo.” Dijo la chica, intentaba provocar discordia.
Isabel miró a las chicas frente a ella con una sonrisa maliciosa y preguntó: “¿Estás segura de que quieres que ella intervenga?”

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