Arlet miró a Isabel con una sonrisa resignada.
¡Isabel estaba siendo traviesa!
Las chicas que observaban a Arlet no veían en ella ninguna amenaza, pues su apariencia era delicada y frágil. Por el contrario, era Isabel, con su aire de chava dura, quien lucía más intimidante.
"¿Se atrevería a hacer algo?" Cuestionó una de las chicas de aquel grupo de amigas.
"Aquí estamos paradas, y no creo que esta delicada flor se atreva a tocarnos." Comentó con ironía otra de las presentes.
"Con ese aire de niña mimada, parece que solo sabe pararse detrás de un hombre." Dijo una de las chicas y todas las miradas se posaron inconscientemente en Arlet, algunas curiosas, otras admirando su belleza y algunas más, envidiando su encanto.
Isabel miró con lástima a las cuatro chicas frente a ella, mientras pensaba que si alguien no buscaba problemas, ¡no los tendría!
Arlet avanzó hacia las cuatro chicas y enfrentando sus miradas desafiantes, preguntó: "¿Saben por qué mueren los cerdos?"
Alguien captó la indirecta y respondió: "Por tontos."
La risa se contagió entre los presentes.
"He olvidado quién lo dijo, pero nunca hay que discutir con los tontos, porque hablar con ellos solo te hará más tonto." Arlet fingió reflexionar y luego indagó: "¿Saben quién dijo eso?"
"¿A quién estás llamando tonto?" La paciencia de las chicas ya estaba al límite, y con el desafío de Arlet, estallaron en ira, por eso, una de ellas levantó la mano para golpear a Arlet, e Isabel instintivamente quiso intervenir, pero Arlet fue más rápida y en lugar de sujetar la mano de la chica, agarró su brazo y pronto se oyó un claro sonido, pues Arlet le dislocó el brazo y acto seguido la chica gritó de dolor, mientras un sudor frío brotaba de su frente.
Arlet la miró sorprendida y le dijo "Lo siento, no pensé que tu brazo fuera tan frágil. Solo fue un toque y se dislocó, pero no te preocupes, yo puedo arreglarlo."
La chica la miró aterrorizada a la vez que le preguntaba: "¿Qué vas a hacer?"
"Listo. El hueso está en su lugar." Dijo Arlet soltando el brazo de la chica, quien lo movió ligeramente, de hecho, podía moverlo, y miró a Arlet con ojos llameantes mientras cuestionaba: "Lo hiciste a propósito, ¿verdad?"
Arlet la miró inocentemente a la vez que le respondía con otra pregunta: "¿Cómo puedes acusarme sin razón?"
Isabel casi suelta la risa al escuchar la respuesta melosa de Arlet.
El cambio fue tan abrupto que todos quedaron descolocados.
"Tú..." La chica estaba a la vez furiosa y frustrada al ver el aire inocente de Arlet, la cual se giró hacia las otras tres chicas y frotando sus manos mientras se traqueaba los dedos, preguntó dulcemente: "¿Alguna de ustedes tiene algo más que decir?"
Las tres intercambiaron miradas con las manos de Arlet y luego con su compañera, que en ese momento se veía en un estado lamentable, y finalmente negaron con la cabeza al unísono.
Arlet pasó sus dedos por los brazos de las tres y comentó: "Así me gusta, bien portadas."

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