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El Karma romance Capítulo 571

En la casa de subastas, sabían bien a quién debían invitar y, por supuesto, no se olvidaron de mandarle una invitación a Maxi.

Con un ligero golpeteo en la mesa, el mayordomo colocó la invitación y se retiró.

Maxi echó un vistazo al sobre, marcando ese fin de semana en el calendario.

Sería una buena oportunidad para sacar a Arlet a despejarse, ya que había estado encerrada en la casa por varios días.

Solo de pensar en ella, Maxi se levantó, se acercó a la puerta de una habitación y a través de la rendija, observó a la persona que estaba dentro y viéndola tan concentrada, retiró su mano de la manija sin hacer ruido.

En los días siguientes, solo podía charlar con Arlet durante las comidas, pues ella pasaba todo el tiempo en su estudio, dedicada a crear. Maxi no se atrevía a interrumpirla, y se conformaba con mirarla de vez en cuando desde la puerta, sintiéndose plenamente satisfecho.

El sábado por la tarde, mientras Bruno y Félix paseaban sin rumbo, en la mesa solo estaban Maxi y Arlet.

“Esta noche te llevaré a un lugar especial.” Comentó Maxi y Arlet alzó la vista para preguntarle: “¿A dónde?”

Maxi deslizó la invitación hacia ella y cuando Arlet abrió el sobre y vio las fotos de los antiguos y valiosos artefactos listados en él, los ojos de ella se estrecharon, pues eran reliquias tanto mexicanas como extranjeras que medio siglo atrás se habían esparcido por diferentes países de Europa y si era posible, le gustaría adquirir algunas de ellas, por eso dijo: “Entonces vamos juntos.”

Observando su expresión, Maxi pensó que si a ella no le interesaba, él tampoco iría, pero al ver su interés, hizo una señal para que todo se preparara.

Después de cenar, el mayordomo ya tenía el auto listo y se dirigieron al centro de la ciudad.

Cuántos de ellos habrían ido con el mismo propósito.

Ella le susurró algo a Maxi y, tras recibir una respuesta, se levantó para preguntar dónde estaba el baño.

Al salir, en un recoveco, escuchó a dos japoneses conversando en voz baja y aunque no entendía japonés, hubo una palabra que captó su atención.

¡Puja!

Con una leve sonrisa y sin darle mayor importancia, Arlet continuó su camino.

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