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El Karma romance Capítulo 572

Desde la esquina aparecieron dos personas que, al ver a Arlet, se quedaron ligeramente sorprendidas y le ofrecieron una sonrisa amable.

Arlet asintió levemente sin detenerse demasiado y pasó junto a ellos.

Al regresar a su asiento, Maxi se inclinó hacia ella y susurró en su oído: "¿Hay algo que te guste?"

Arlet hojeó el catálogo y respondió: "Por el momento, no hay nada que me llame especialmente la atención."

Antes de que comenzara la subasta, de forma inesperada, los organizadores distribuyeron un nuevo catálogo entre todos los presentes y cuando todos miraban confundidos las últimas páginas del catálogo, sus pupilas se dilataban.

Los compatriotas presentes en la sala, al ver esos objetos, mostraron expresiones de asombro.

Los dos ancianos sentados detrás de Arlet empezaron a respirar agitadamente y uno de ellos dijo con preocupación: "Debemos obtener esos dos objetos a toda costa."

"Fernando, cálmate, cuida tu salud." Aconsejó el otro señor, a lo que el anciano llamado Fernando, respondió: "No puedo, debo llamar al club y pedirles que transfieran más dinero. Con lo que llevamos encima, me temo que no será suficiente."

……

Arlet frunció el ceño al observar las últimas páginas del catálogo y ver los dos antiguos artefactos añadidos.

Muchas de las reliquias mayas aún estaban desaparecidas, y solo unas pocas eran conocidas, por eso, que un artefacto maya apareciera en aquella subasta era motivo de asombro. El otro objeto, igualmente invaluable, era una estatuilla con un tallado bastante peculiar.

El valor de aquellos artefactos culturales no podía medirse solo en dinero, pues para Arlet, ya fuera el artefacto maya o cualquier otra antigüedad, más allá de su valor intrínseco, lo que realmente importaba para los mexicanos era la historia que representaban.

El precio final de aquel artículo fue ligeramente superior al estimado, y el comprador era también un rico compatriota.

Conforme se sucedían los lotes, cada vez que salía a subasta una antigüedad extranjera, los ricos foráneos competían ferozmente, con algunos ricos mexicanos también participando.

Maxi notó que la mirada de Arlet se dirigía ocasionalmente hacia detrás de ellos, por eso le preguntó: "¿Qué pasa?"

"Sospecho que esos dos están pujando a propósito para inflar el precio de nuestras antigüedades." Respondió Arlet, ya que según su observación, cada vez que había una antigüedad mexicana en subasta, esos dos alternaban sus pujas, pero nunca con la intención real de comprar, pues una vez alcanzado un punto crítico, se retiraban.

Eso tenía dos posibles consecuencias: la primera, que las antigüedades nacionales se calentarían cada vez más en el mercado, dándole paso a la segunda consecuencia, la cual era que en el futuro, a los mexicanos les costaría más recuperar sus propios objetos desde el extranjero, pagando un precio mucho mayor.

Eso no era lo que Arlet quería ver, pues el dinero ganado arduamente por los mexicanos terminaría en los bolsillos de otros muy fácilmente y eso enfurecía a Arlet.

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