Al verlo tan concentrado, a Gretel le vinieron a la mente imágenes de su antigua vida de casados.
En aquel entonces, también era así: aunque por fuera parecía frío y distante, hacía todo lo posible por respetarla y acompañarla. Después del trabajo, solía ir con ella a comprar víveres y de vez en cuando cocinaba para alimentarla...
Una dulce y reconfortante sensación se extendió por su pecho, como si todo hubiera vuelto al inicio.
Unos siete u ocho minutos después, él le sirvió un tazón de un caldo nutritivo muy suave, acompañado de dos pequeños y elegantes platos de vegetales fríos.
Rosendo recordaba que ella no comía mariscos, por lo que usó solo un mínimo de vieiras secas exclusivamente para darle sabor a la sopa.
Ella bajó la cabeza para comer, mientras él se quedaba de pie al otro lado, observándola en silencio.
—¿Irás a la oficina hoy por la tarde? —Gretel se sintió algo incómoda al sentir la mirada de él, y tras tragar un bocado, trató de iniciar una conversación.
—Mjm. Tengo una junta internacional. —Al ver los restos de crema en las comisuras de los labios de ella, sus ojos se oscurecieron y su nuez de Adán subió y bajó.
Gretel asintió con la cabeza, tomó la cuchara para servirse otro bocado y justo cuando estaba a punto de llevárselo a la boca, Rosendo dio la vuelta a la isla de la cocina y se acercó.
Gretel: «¿?»
Antes de que pudiera reaccionar, sintió que perdía peso en el aire: él la había levantado en brazos.
—¡Rosendo! —exclamó sorprendida, y abrazó su cuello por puro instinto.
El hombre miró sus labios rosados por un instante, se dio la vuelta y empezó a caminar a paso firme hacia la recámara principal. Ella quiso decir algo, pero él bajó la mirada y la mordió en un costado del cuello, cortándole las palabras antes de que pudieran salir.
Había pasado tantos años absteniéndose, y ahora que había probado de nuevo, simplemente no podía detenerse.
***
A las tres de la tarde. En el salón de cristal en el último piso del exclusivo Club de Campo El Monte.
Gretel llevaba un vestido largo de seda color celeste pastel de corte clásico y tenía el cabello suelto, cubriendo como podía las marcas rojizas en su cuello.

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