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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 100

Felisa siguió al anfitrión cruzando el imponente vestíbulo. Caminaron por un pasillo alfombrado en tonos grises y, al salir, se encontraron con la inmensidad del campo de golf.

A donde alcanzaba la vista, el césped verde y perfectamente podado se extendía bajo el sol, y la brisa traía consigo el aroma fresco a hierba. A lo lejos, las aguas de un lago resplandecían, ofreciendo un paisaje abierto y sumamente pacífico.

Tras caminar un poco por los senderos serpenteantes, distinguió a lo lejos una figura imponente.

Yahir vestía un sobrio conjunto de golf en color blanco que resaltaba su figura atlética. Estaba en la zona de práctica a punto de dar un golpe.

Sus movimientos eran limpios y fluidos, una combinación perfecta de fuerza y elegancia. En el instante del impacto, su postura se desplegó de forma impecable. Su mirada denotaba concentración absoluta, proyectando un aura relajada pero profundamente aristocrática.

El sol iluminaba su perfil bien definido, haciendo que sus rasgos lucieran aún más cautivadores. Lejos de la frialdad implacable que mostraba en los negocios, aquí irradiaba una calma casi cálida.

¡¿Qué hacía él aquí?!

Felisa se quedó a cierta distancia, dudando si acercarse o no.

—¿A poco no es guapo mi sobrino?

Una voz grave y amable sonó de pronto a su lado.

Ella volvió en sí, giró el rostro y se encontró con los ojos risueños del hombre.

—Sí, es bastante atractivo... Pero, señor Hernández, ¿no me dijo que estaría solo?

Si hubiera sabido que Yahir estaría allí, se habría inventado cualquier excusa para no venir.

¡No era miedo, simplemente la situación la hacía sentir sumamente incómoda!

—¿Qué le vamos a hacer? Yahir siempre ha sido muy apegado a mí. Si él quería venir, yo no podía decirle que no —sonrió Joaquín—. Entonces, señorita Valenzuela, ¿le molesta que seamos tres?

Ya estaba ahí, ¿qué le iba a decir, que sí le molestaba?

Tampoco era como si pudiera correrlo del lugar.

—Parece que tiene ciertas reservas con mi sobrino, señorita Valenzuela —Joaquín entrecerró los ojos con una sonrisa cargada de picardía.

Felisa se apresuró a aclarar.

—Claro que no, es solo que su sobrino y yo nos conocimos apenas anoche, todavía no hay mucha confianza...

Yahir, que había terminado su tiro, bajó el palo y se acercó, justo a tiempo para escuchar sus palabras. Su tono al responder desbordaba sarcasmo.

—¡Tiene razón, aún no hay mucha confianza!

La intensa mirada del hombre se clavó en ella, haciéndola sentir completamente acorralada. Felisa se tensó, con esa culpa de quien acaba de ser atrapada hablando mal de alguien a sus espaldas.

Felisa sostuvo la intensa mirada del hombre y le regaló una sonrisa diplomática.

—¡La verdad es que tampoco tengo muchas ganas de aprender!

Yahir alzó una ceja, y la sonrisa en sus ojos se desvaneció un poco.

—Ya estamos aquí, sería una lástima no intentarlo.

Sin previo aviso, la agarró firmemente de la muñeca y, sin darle tiempo a protestar, la arrastró hacia el campo.

El calor de su palma traspasó la delgada tela de su ropa, sujetándola con una fuerza de la que era imposible zafarse.

—¡Yahir!

Felisa miró hacia atrás, pidiendo ayuda a 'Enzo' con la mirada, pero el hombre, notando su desesperación, simplemente le dedicó un gesto amistoso con la mano.

—¡Ánimo! Yahir será un gran maestro.

¡Este par de desquiciados!

¡¿Cómo se atrevía a dejar a su propia prometida en manos de su sobrino?! ¡¿No tenía miedo de que pasara algo entre ellos y le terminaran poniendo los cuernos?!

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