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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 99

Yahir preguntó en tono casual:

—¿Cómo supiste que estaba ahí?

—Don Arturo me lo dijo. Por cierto, ¿por qué no diste la cara esta noche?

Joaquín había recibido un mensaje suyo nada más llegar, pidiéndole que no revelara su verdadera identidad todavía.

Al final, los demás terminaron confundiéndolo con Enzo.

La novia era elección directa de Yahir, pero la mujer ni siquiera sabía cómo era el verdadero Enzo Hernández en persona.

Aquello resultaba verdaderamente interesante.

—Muchacho, ¿desde cuándo te volviste un admirador secreto?

Yahir se apoyó relajadamente en el respaldo del sofá, dando unos ligeros golpecitos al reposabrazos.

—Es una larga historia.

...

El agua tibia le cubría los hombros, envolviéndola en una neblina de vapor que desdibujaba la habitación.

Mantenía los ojos cerrados, buscando que el calor del baño relajara su mente, pero era inútil. Los recuerdos del auto, de Yahir besándola con tanta pasión, se repetían una y otra vez en su cabeza, fuera de control.

Era como si un par de manos invisibles, grandes y ligeramente ásperas, se deslizaran sobre su piel bajo el agua.

Inconscientemente, sus dedos acariciaron el costado de su cuello, justo donde todavía parecía quemar el roce de la respiración de aquel hombre.

Sus dedos bajaron hasta rozar su pecho y, al hacerlo, un estremecimiento la sacudió. Se le cortó el aliento y sintió que las fuerzas la abandonaban.

El agua se agitó levemente, reflejando el intenso torbellino primaveral que habitaba en su mirada.

¡Se maldijo a sí misma por ser tan débil! No podía dejar de pensar en él; ¡ese hombre le había robado el alma!

Al salir de bañarse, bajó a la cocina por un poco de agua.

Cuando iba de regreso a su cuarto, escuchó una fuerte discusión proveniente de la habitación de Ricardo y Lorena. Inmediatamente la puerta se abrió, y Felisa se escondió rápido en las sombras del pasillo.

—¡Ricardo Valenzuela, cómo me arrepiento de haberme casado contigo! ¡Si tanto la extrañas, quédate con su recuerdo entonces y vive solo toda tu vida!

—¡Eres imposible!

Con almohada y cobijas en mano, Ricardo se marchó al estudio sin mirar atrás.

Felisa bajó la mirada, ocultando sus verdaderas emociones bajo las pestañas.

...

Al día siguiente, Felisa fue a las oficinas de Vitti para iniciar formalmente los protocolos de trabajo.

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