Entrar Via

ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 103

Cada vez entendía menos la actitud de Enzo.

¿Era que confiaba demasiado en su sobrino Yahir o... simplemente no tenía el menor interés en ella?

Si en el futuro realmente se casaban, siendo él tan frío, ¿cómo iban a desarrollar algún sentimiento con el tiempo?

O será que... ¿en realidad le gustaban los hombres?

A mitad de la comida, se levantó y dijo con tono suave: —Voy al baño.

Al salir del baño, no regresó de inmediato al salón privado, sino que buscó una ventana para tomar aire.

—Más te vale estar atenta. Si logras complacer al señor Hernández, ya tendrás asegurado el dinero para el tratamiento de tu abuela.

Se escuchó una voz masculina en tono bajo.

Un hombre vestido con el uniforme de gerente del club se acercaba por el pasillo, guiando a una joven de figura delgada.

La chica tenía una piel de porcelana, suave y hermosa, con ojos grandes y redondos ligeramente almendrados; parecía una frágil y delicada muñeca de aparador. Llevaba una camiseta desgastada por las lavadas, unos simples jeans y tenis blancos que desentonaban por completo en ese lugar.

Al pasar a su lado, la chica levantó la mirada con timidez hacia ella, y en sus ojos brilló un fugaz destello de admiración.

Felisa los vio empujar la puerta y entrar al salón privado donde estaba Enzo. Levantó ligeramente una ceja.

Poco después, el gerente volvió a salir de mal humor junto a la chica.

—El señor Hernández no está interesado en ti. Regrésate.

—Gerente, usted dijo que, funcionara o no, me daría dos mil pesos.

—¿Yo dije eso? No lo recuerdo.

—¡Usted lo dijo claramente!

La mirada del gerente recorrió el cuerpo de la chica.—Si de verdad quieres ganar dinero, tengo otros contactos. Siempre y cuando estés dispuesta a soltarte, te aseguro que ganarás mucho dinero en un solo día.

—¿Qué?

El gerente se acercó y le susurró un par de cosas.

El color en el rostro de la chica desapareció por completo.

El gerente se quedó de una pieza, pero luego esbozó una sonrisa de disculpa.

—Señorita, debe estar bromeando. Esto no tiene nada que ver con el club. Solo hay algunos clientes con ciertas necesidades, y yo únicamente actúo como intermediario a petición de ellos. No obligo a nadie. Los hombres son solteros y ellas no están casadas. Que se relacionen es completamente legal y normal. Ellas necesitan el dinero y yo solo las ayudo a solucionar sus problemas. En realidad, estoy haciendo una obra de caridad.

Qué palabras tan hipócritas.

Felisa miró a la joven, que jugueteaba con sus manos llenas de ansiedad.

—Muchacha, piénsalo bien. Una vez que te vayas con él, si te arrepientes más tarde, ya no habrá vuelta atrás.

Se veía que no tenía más de veinte años, apenas estaba empezando a enfrentarse al mundo y no conocía la malicia de la gente.

—Señorita, lo sé... —Los ojos de la joven se llenaron de lágrimas y su voz fue casi un susurro—. Se lo agradezco, pero... no tengo otra opción.

Si no juntaba el dinero para la operación, su abuela realmente moriría.

Solo se tenían la una a la otra. Sin importar el precio que tuviera que pagar, haría que sobreviviera.

Felisa vio la desesperación que estaba a punto de desbordarse de sus ojos, y con una voz suave pero firme, llena de un poder innegable, le dijo:

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA