—En este mundo, nunca existe un solo camino hacia el abismo.
—El dinero se puede volver a ganar, pero si tomas el camino equivocado, jamás podrás regresar. Si tu abuela se enterara de que utilizaste este método para salvarla, aunque sobreviviera, no podría vivir en paz por el resto de su vida.
El cuerpo de la chica tembló violentamente, y las lágrimas por fin se desbordaron.
El tono de Felisa se suavizó un poco.
—Yo puedo ayudarte. No tienes que venderte ni humillarte ante nadie.
La chica levantó la mirada de golpe, con un pánico incrédulo en los ojos.
—Señorita, ¿de verdad está dispuesta a ayudarme? Si me ayuda, haré lo que sea que me pida.
Estaba a punto de arrodillarse, pero Felisa fue rápida y la sostuvo de los brazos.
—¡Levántate!
No estaba dispuesta a recibir esa reverencia.
La joven se puso de pie, mirándola con mucha inquietud.
—¿Cuánto cuesta la operación?
—Cien mil...
Para el nivel económico en el que se movía Felisa, eso apenas alcanzaba para comprar unos cuantos bolsos, pero para otras personas, podía significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Sintiendo una mezcla de emociones, Felisa sacó una tarjeta de su bolso y se la entregó.
—Aquí tienes ciento veinte mil.
Con los ojos enrojecidos, la joven sollozó: —Señorita, tomaré este dinero como un préstamo. En cuanto tenga la oportunidad, le juro que se lo pagaré.
—No es necesario, ve rápido a pagar la operación de tu abuela.
La chica hizo una profunda reverencia en señal de profundo agradecimiento, guardó su número de teléfono y salió corriendo a toda prisa.
Un destello de molestia cruzó el rostro del gerente. Esa era una "buena mercancía" que le había costado encontrar, y pensar en el dinero que acababa de perder le dolía en el alma.
—Deja de hacer estas bajezas. Si fuera tu hija, ¿seguirías creyendo que estás haciendo una obra de caridad? —le espetó Felisa con la mirada helada.
—Y eso a usted qué le...
Antes de que el gerente pudiera terminar la frase, una voz fría y cortante resonó de repente.
—No soy tan buena como piensas. Simplemente no soporto que los hombres traten a las mujeres como mercancía lista para ser vendida al mejor postor.
Su Feli, seguía siendo tan noble como siempre.
—Entremos, acabo de pedir una orden extra de costillas a la sal y pimienta que tanto te gustan.
Felisa se sorprendió.—¿Cómo sabes que me gustan?
Creía que jamás se lo había mencionado.
Yahir levantó una ceja y respondió con total naturalidad: —Vi que estuviste comiendo bastante de ese plato, así que supuse que te encantaba.
¡Su corazón dio un vuelco!
¡No esperaba que Yahir le prestara tanta atención!
Antes de entrar, ella tiró ligeramente del abrigo de él y le susurró: —Yahir, ¿tu tío tiene una orientación sexual diferente?
La ceja de Yahir tembló ligeramente.—¿Por qué lo dices?
—Parece que yo no le intereso, y esa chica de hace un rato, que parecía una muñeca, tampoco le llamó la atención. Además, dicen que no se le ha conocido ninguna mujer en todos estos años...

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