Entrar Via

ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 12

—No hay ningún malentendido. Lo vi con mis propios ojos —respondió Felisa, y en su mirada solo quedaba un abismo de fría desolación.

Marta Ortega la miró con el corazón encogido, sintiendo una mezcla de tristeza y desconcierto. Sin saber qué más decir para consolarla, le apretó las manos con fuerza.

—Felisa, eres hermosa y de un corazón de oro. Mereces a alguien mucho mejor.

Apenas pronunció esas palabras, la imponente figura de Alfonso Lozano apareció en la entrada del orfanato.

Al verlo, Marta instintivamente tiró de la mano de Felisa. Ella siguió su mirada y sus ojos se volvieron de hielo.

—Marta, les traje más provisiones y comida a los niños.

Con un tono suave, Alfonso le ordenó a su asistente que metiera varias cajas al recinto, pero sus ojos oscuros jamás se apartaron de Felisa.

Marta la miró, visiblemente preocupada.

—No pasa nada, Marta. Ve a atender tus cosas —la tranquilizó Felisa.

La directora dudó un segundo, pero finalmente dio media vuelta y los dejó solos, frente a frente, en medio del patio.

Alfonso se acercó a paso lento. Su sombra alta y ancha la cubrió por completo, emanando una presión imposible de ignorar.

—Felisa, lo de anoche fue mi culpa. No debí forzarte.

—Ya pasó. ¿Qué sentido tiene hablar de eso ahora? —respondió ella, con un tono tan plano que asustaba.

—Sé que todo lo que dijiste antes fue porque estabas furiosa.

De pronto, Alfonso le agarró la muñeca con fuerza. Felisa intentó soltarse por instinto, pero él apretó más su agarre. —Nos importamos demasiado y no podemos vivir el uno sin el otro. Yo me encargaré de arreglar las cosas con Isabella Quintana, pero quiero que la boda de mañana se celebre como estaba planeado.

En su apuesto rostro se dibujó una ternura calculada, como si la agresión de anoche y los dos años de engaños no fueran más que un mal sueño sin importancia.

Al ver su cinismo, Felisa soltó una carcajada amarga y cargada de desprecio.

Alfonso la tomó por los hombros y se inclinó hacia su oído.

—Solo no quiero perderte, y mucho menos quiero que haya cambios de última hora en nuestra boda.

¡Si era él quien no quería casarse para darle «una lección»! Y ahora que ella hacía lo que él supuestamente quería, ¡cambiaba de opinión! ¿Acaso todo en el mundo tenía que hacerse a su capricho?

Un escalofrío le recorrió el cuerpo desde la punta de los pies. Felisa sintió un frío que le calaba los huesos, como si su propia sangre se estuviera congelando.

—Alfonso, Marta y esos niños no tienen la culpa de nada. No tienes ningún derecho a decidir su destino.

—Te equivocas, mi amor.

La voz de Alfonso arrastraba una frialdad casi sádica. —Este mundo funciona así, el fuerte devora al débil. Las vidas de la gente común, de los de abajo, son las más baratas. Y decidir su destino solo me cuesta pronunciar una orden.

La miró fijamente, con los ojos cargados de amenaza. —Supongo que no quieres que se queden en la calle por tu culpa, ¿verdad?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA