Entrar Via

ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 122

Todo fue culpa de la estúpida de Isabella, que les sirvió la oportunidad en bandeja de plata.

Los ojos de Alfonso brillaron con crueldad. Sin una pizca de paciencia, extendió la mano, la agarró por el cabello desde la nuca y tiró con fuerza.

Isabella soltó un grito de dolor. Su cuello se tensó por completo, y él la acercó bruscamente hacia sí, dejándola inmovilizada.

—¿No decías que me amabas? ¿A qué le tienes miedo?

Alfonso se inclinó hacia su oído, con una voz que helaba la sangre.

Isabella se encogió de miedo, aterrorizada por lo macabro que lucía en ese momento.

—Alfonso, todo esto es culpa de Felisa Valenzuela. Si ella ya te había ayudado, debió apoyarte hasta el final. Sabía que Vento Corp y la Corporación Draconis eran enemigos jurados, así que les vendió las acciones a propósito. ¡Lo que quiere es verte en la ruina, perdiéndolo todo!

De no ser por Felisa, ellos no estarían en esta pesadilla.

Su bebé tampoco habría muerto.

Al mirar a su alrededor, se daba cuenta de que Alfonso era el único hombre con verdadero poder al que podía aferrarse.

No podía dejarlo ir.

Con los ojos inyectados en sangre, Alfonso soltó una carcajada amarga.

—A estas alturas, todavía intentas ponerme en su contra. ¿Crees que me dejaré envenenar por una mujerzuela como tú y lastimar a mi Felisa, la única que me amaba de verdad?

Isabella sacudió la cabeza, gritando histérica.

—¡Ella ya no te ama, Alfonso! ¡Acepta la realidad! En este mundo, ¡solo yo te quiero de verdad!

En ese instante, el sonido de unas sirenas rompió la tensión.

La puerta del auto se abrió de golpe, y dos policías la agarraron por los brazos, uno a cada lado.

La voz del oficial fue fría y formal.

—Isabella Quintana —dijo el policía, mostrando una orden de aprehensión, pronunciando cada palabra con claridad—. Está usted acusada de contratar a tres hombres con la intención de abusar sexualmente de Felisa Valenzuela, lo que constituye intento de agresión. Había sido puesta en libertad bajo fianza debido a su embarazo, pero dado que dicha condición ha terminado, ¡queda formalmente arrestada!

El rostro de Isabella perdió todo su color. Las piernas le fallaron y cayó al suelo, mirando a Alfonso suplicante.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA