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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 123

Con razón.

Entonces no podía culpar a nadie más.

—Entiendo —respondió ella con una calma asombrosa.

En el pasado, ella lo había ayudado a llegar a la cima. Si podía mantenerse ahí, dependía exclusivamente de su talento.

—Felisa, hay algo aún más fuerte —continuó Camila—. Después de que echaron al Sr. Lozano, Isabella fue a buscarlo, pero al rato llegó la policía y la arrestaron ahí mismo.

—Él no movió un dedo, fue súper frío y cruel. Hasta sentí un poco de lástima por ella.

—Aunque bueno, cada quien cosecha lo que siembra. Fue el karma.

Felisa bajó la mirada. No sintió regocijo, solo comprobó lo frío y despiadado que podía ser Alfonso.

Él e Isabella la habían engañado a sus espaldas por dos años. Ahora que la verdad salía a la luz, ella había decidido apartarse con dignidad, pero él se negaba a aceptarlo.

La última vez, Alfonso había usado el embarazo de Isabella para sacarla de la cárcel. Ahora, él mismo había destruido su única salida.

El corazón de un hombre era tan volátil que resultaba indescifrable.

Al colgar, Felisa miró por la ventana, abrazándose a sí misma lentamente.

No se arrepentía de haber amado con valentía ni de haber entregado su corazón, solo le dolía haber puesto sus sentimientos en la persona equivocada.

El dinero y la superficialidad corroen el alma. Cuando la gente obtiene lo que quiere, cambia. Muy pocos logran mantenerse leales.

Tras terminar de recoger sus cosas, las luces de la calle comenzaron a encenderse, iluminando todo Santa Fe con sus neones.

Salió por el ascensor y recibió una llamada de Adriana Castro.

Contestó con una sonrisa: —¿Adriana?

Se escuchaba mucho ruido de fondo, mezclado con insultos y palabras altisonantes.

La voz angustiada de Adriana sonó por el altavoz.

—¡Felisa, estoy en el Muelle 12, por favor, trae a gente para sacarme de aquí!

Felisa frunció el ceño. —¿Qué pasó?

—Vine a probar suerte, quería contratar unos cobradores de confianza, y por accidente me metí en medio de un trato de drogas... —Adriana hablaba entrecortadamente, casi sin aire.

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