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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 124

Ese lugar era un nido de víboras. Una mujer hermosa y soltera caminando sola por ahí era presa fácil.

—¿Y qué esperas para ir tras ella y protegerla? —se escuchó la voz molesta de Yahir.

—Pero Sr. Hernández, tengo que reunirme con...

—Garantiza su seguridad, lo demás puede esperar.

—Entendido.

Pablo corrió rápidamente en la dirección por donde Felisa había desaparecido.

Poco después, Felisa encontró el teléfono de Adriana entre un montón de basura. La pantalla estaba destrozada, llena de grietas como una telaraña.

Miró a su alrededor, pero no había rastro de su amiga. Sintió un nudo en el estómago.

¿Le habría pasado algo malo?

—Señorita Valenzuela, vaya más despacio. ¿Cómo se llama su amiga? Quizá pueda ayudar —dijo Pablo, llegando jadeante a su lado.

Felisa frunció el ceño con angustia. —Adriana Castro. Me llamó diciendo que interrumpió una transacción entre dos bandos... Antes de venir, llamé a la policía.

La mirada despreocupada de Pablo se volvió seria al instante. La tomó del brazo. —Entonces con más razón no debería estar aquí. Suba conmigo; cuando llegue la policía, ellos la ayudarán a buscar.

—Para cuando lleguen, ya se habrán esfumado. ¡A Adriana la van a matar!

—¡Y si usted se queda, tampoco servirá de nada! Conozco a gente, haré unas llamadas para que nos ayuden.

Sin darle opción, Pablo la obligó a salir, ignorando sus protestas.

Llena de rabia, Felisa le dio varios puñetazos. Pero mientras el hombre parecía no inmutarse, a ella le quedó el dorso de la mano rojo por el dolor.

¡De tal palo, tal astilla; el chofer era tan mandón como el jefe!

—Tú... —no lograba recordar su nombre.

—Señorita Valenzuela, me llamo Pablo Quiroga.

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