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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 130

—¿No fuiste tú la que me dijo que fuera a los gimnasios de boxeo o a los clubs de peleas a buscar tipos rudos que me ayudaran a cobrar?

—Los lugares de los que yo hablaba no tienen nada que ver con El Inframundo al que te metiste.

Adriana se quedó callada, sin saber qué decir.

—Por ahora, quédate aquí. No salgas hasta que las cosas se calmen —le aconsejó Felisa en voz baja.

Anoche, gracias a las descripciones que había dado, la policía elaboró retratos hablados. Ahora esos hombres estaban en la lista de los criminales más buscados por tráfico de drogas en toda la ciudad.

—Sí, y si las cosas se ponen feas, me mudaré una temporada a El Remanso para esconderme.

—Solo ten paciencia. Quizás los atrapen pronto.

Adriana asintió. De pronto, su mirada bajó al cuello de Felisa. Con un rápido movimiento, tiró del pañuelo que llevaba puesto.

Al instante, quedaron a la vista una serie de llamativos chupetones y marcas rojizas, imposibles de ignorar.

A Adriana se le abrió la boca, casi como para que le entrara un huevo entero.

—¡Vaya que el Sr. Hernández es todo un salvaje!

...

—La última vez que me contaste que tuviste una cita a ciegas con él, no supe nada más. ¡Cuéntamelo todo! Al ver a este bombón latino, ¿el Sr. Hernández perdió la cabeza por ti?

—No es para nada lo que te imaginas —respondió Felisa, arrebatándole el pañuelo y volviéndoselo a anudar para ocultar las marcas.

—¿Ah, sí? Entonces, ¿es guapo o no? —La curiosidad de Adriana estaba por las nubes.

—Sí, es bastante atractivo.

—¿Más que Alfonso?

—Sí, muchísimo más que él.

Ni siquiera se podían comparar.

Alfonso era atractivo a su manera, con un aire pulcro y educado. Pero Yahir... él era deslumbrante desde el primer segundo. Poseía una belleza masculina agresiva, dominante, que robaba el aliento.

Adriana entrecerró los ojos con una sonrisa pícara. —A mí no me engañas. Eso no fue un sacrificio. Se nota a leguas que te mueres por él.

Felisa sintió que le ardían las orejas. —Solo estoy siendo objetiva.

—¿Objetiva? —Adriana levantó una ceja—. Y esas marcas en tu cuello, ¿también aparecieron objetivamente?

—¡Sacrifiqué mi integridad para salvarte y encima te burlas de mí! —se quejó Felisa.

Capítulo 130 1

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