No tenía idea de los gustos de la Sra. Arana.
Quería causar una buena impresión, pero no tenía tiempo para indagar.
Al final, decidió ponerse un elegante vestido de alta costura. Era una opción sofisticada, que no pecaba de ostentosa pero cumplía perfectamente con la etiqueta.
A las seis, recibió la llamada de Yahir.
"Baja".
Felisa tomó su bolso de inmediato.
Al escuchar el ruido, Bianca Valenzuela alzó la vista y, al verla tan arreglada, soltó un bufido.
Los ojos de Sebastián Valenzuela brillaron de admiración. "¡Qué hermosa te ves, Felisa! ¡Pareces una princesa!"
"Tú también te ves muy guapo, Sebas", sonrió Felisa con dulzura.
Ya era preciosa, pero esa sonrisa la hacía deslumbrante.
Bianca se quedó pasmada un segundo. Cuando reaccionó, escuchó a Felisa dándole indicaciones a la empleada.
"Doña Consuelo, si papá pregunta, dígale que salí".
Poco después, desapareció por el vestíbulo.
¡Seguro iba a seducir a algún hombre con tanta producción!
Furiosa, Bianca le jaló la oreja a Sebastián. "¿Acaso tu propia hermana no es bonita? ¡Eres un lambiscón, siempre detrás de ella!"
Sebastián soltó un grito de dolor e intentó morderla, lo que asustó a Bianca y la obligó a soltarlo. Aprovechando el descuido, el niño salió corriendo hacia las escaleras y le hizo una mueca.
"¡Tú eres una bruja fea, bleh, bleh, bleh!"
"¡Sebastián Valenzuela, te voy a dar tu merecido!"
"¡Ayuda, la bruja me quiere pegar!"
...
Al salir, Felisa vio el Maybach negro estacionado junto a la acera.
El hombre estaba de pie junto al vehículo, envuelto en las sombras, con la luz intermitente de un cigarrillo delineando apenas su figura.

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