"Lo de siempre. Me engañó".
Al mencionarlo, Felisa sentía una punzada, pero predominaba la paz de haberlo dejado atrás.
"¡Maldita sea!", maldijo Julia. "¡Qué asco de tipo! Teniendo a una mujer como usted, se va a buscar sobras a otra parte. ¡Qué patético!"
Felisa sonrió con amargura. "Supongo que es la naturaleza de algunos hombres".
Al final, Alfonso Lozano resultó ser un mediocre.
"Bueno, a rey muerto, rey puesto. Al menos descubrió su verdadera cara antes de casarse", comentó Julia con franqueza. "Jefa, usted se merece a alguien muchísimo mejor".
"Pienso lo mismo. Por eso ya me conseguí a alguien de otro nivel". Bebió otro sorbo de café y esta vez sintió un retrogusto dulce y reconfortante.
Julia la miró asombrada y bromeó: "Esta vez no andará de benefactora, ¿verdad?"
Felisa soltó una carcajada. "No voy a tropezar dos veces con la misma piedra".
"Más le vale. Usted es muy brillante, no puede permitirse perder en el amor".
"En un rato vienen unas clientas importantes. Saca los diseños exclusivos que tenemos guardados".
"Entendido".
Julia no hizo más preguntas y subió corriendo al almacén.
Poco después, la Sra. Arana entró acompañada de varias mujeres refinadas y elegantes.
"No tenía idea de que la dueña del Salón de Seda era la señorita Valenzuela", exclamó la Sra. Luna, impresionada. "¡Tan joven y tan talentosa!"
Las demás también empezaron a alabarla.
Felisa sabía que, en gran parte, tanta amabilidad se debía al prestigio de Yahir, pero mantuvo una actitud modesta. "Son muy amables, es solo un pequeño negocio que se mantiene gracias a ustedes".
Impulsadas por la influencia de Yahir y la impecable calidad de la alta costura, las damas terminaron comprando varias piezas de exhibición y encargando más de una decena de vestidos a medida.
"¡Vaya, qué animado está esto! Señorita Julia, parece que hoy va a hacer su agosto".
La puerta se abrió de golpe. Una mujer vestida de forma extravagante y con actitud altanera entró al lugar, seguida por dos hombres. Su mirada recorrió a las distinguidas clientas y los lujosos vestidos, destilando pura envidia.

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