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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 146

Los matones en la puerta no se movieron ni un milímetro, y otros dos hombres bajaron corriendo las escaleras, rodeándola por completo.

El pánico se dibujó en su rostro y, tratando de ocultar su terror con falsa valentía, gritó:

—¿Qué creen que están haciendo?

—Señorita Bianca, en los negocios siempre es mejor llevar la fiesta en paz. No quiero ponerle las cosas difíciles, así que no me obligue a hacerlo. —Quintín caminó hacia ella con la tablet en la mano y se la ofreció con una sonrisa macabra—. Haga la transferencia y podrá irse con su mercancía.

—¡No voy a transferir nada!

Bianca agitó el brazo con furia, golpeando la tablet, que cayó al suelo con un estrépito.

La expresión de Quintín se volvió aterradora. Levantó la mano y le asestó una bofetada brutal.

¡Plaf!

El sonido nítido del golpe resonó en la habitación. Fue tan fuerte que hizo que Bianca viera estrellas. Cayó al suelo pesadamente y su mejilla comenzó a hincharse a una velocidad alarmante.

Su mente se quedó en blanco, completamente aturdida.

La voz glacial de Quintín le susurró:

—Rápido, recojan la tablet y entréguensela a la señorita Bianca.

Uno de los matones obedeció al instante y volvió a poner el dispositivo frente a ella.

—¡No lo haré! ¡Quintín Valerio, atrévete a ponerme un dedo encima y juro que te arrepentirás!

Criada entre algodones, la caprichosa hija de la familia Valenzuela había vivido más de una década haciendo lo que le daba la gana. ¿Cuándo había sido sometida a semejante humillación?

—¿Ah, sí? Me muero de ganas de ver cómo me haces arrepentirme. —Quintín soltó una carcajada llena de desdén—. ¿La familia Valenzuela? ¡A mí me tienen sin cuidado!

—¡Voy a matarte!

Bianca luchó por levantarse y se abalanzó hacia él como una fiera herida, lanzando golpes al aire.

Un destello de crueldad cruzó los ojos de Quintín y, sin la menor piedad, le propinó una patada en el estómago.

Bianca salió volando como una muñeca de trapo. Se acurrucó en el suelo, agarrándose el vientre, con el rostro más pálido que el papel, incapaz de reincorporarse.

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