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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 147

Lorena intentó llamar a Bianca, pero nadie respondió.

Un segundo después, recibió un mensaje de texto de su hija.

[Mamá, no iré a casa en unos días. Lo que sea que esté pasando, lo hablamos cuando vuelva].

...

Tras varios días de arduo trabajo, Felisa finalmente había dejado todo listo para las sucursales, tanto físicas como en línea.

Utilizó la red de clientas de años anteriores para dar un impulso a la promoción de esta nueva apertura.

El día de la inauguración fue un éxito rotundo.

La tienda estaba a reventar de clientes y Felisa corría de un lado a otro, sin siquiera tener un minuto para tomar un vaso de agua.

Al atardecer, cuando hicieron el corte de caja, los números fueron espectaculares.

¡El primer día había sido un triunfo absoluto!

Felisa soltó un suspiro de alivio, estiró los brazos y se dejó caer en el sofá.

De pronto, recibió un mensaje de Yahir Hernández.

[Novia, ¿cómo estuvo la inauguración?]

Felisa sonrió. Bebió un sorbo de café antes de responder sin prisas.

[Bastante bien. Las ganancias fueron excelentes, pero apenas me estoy sentando a descansar].

Hacía mucho que no trabajaba a ese ritmo.

La última vez que se había esforzado tanto fue cuando recién abrió el Salón de Seda.

[¿Quieres venir a tomar una copa para celebrar?]

A Felisa le pareció una buena idea.

[Claro, ¿dónde nos vemos?]

Yahir le envió una ubicación.

Un bar.

Felisa subió al área VIP del segundo piso y lo encontró.

No estaba solo; en la sala también estaban Joaquín Hernández y Rodrigo Vega.

—Señor Hernández. Rodrigo.

Felisa hizo un ligero asentimiento a modo de saludo.

Mientras bebían, charlaban sobre anécdotas de sus respectivos trabajos.

Rodrigo encendió un cigarrillo y sacó a colación un chisme reciente.

—Quintín Valerio perdió una fortuna apostando por unas piezas grandes hace poco. Su flujo de caja se fue al diablo y ahora los bancos lo persiguen para cobrarle.

—¿Se acuerdan de lo arrogante que era? Todo el mundo le besaba los pies dondequiera que iba. Yahir, si no me equivoco, hace un par de años tú también le compraste una pieza que terminó siendo una ganga, ¿no?

Esa gema le había costado un par de millones, pero al cortarla reveló una Gema Púrpura, multiplicando su valor más de diez veces.

Yahir alzó levemente la mirada, su voz sonando indiferente.

—La arrogancia atrae la desgracia. ¿Alguien le tendió una trampa?

—Un conocido suyo contrató a un maestro falsificador de gemas para estafarlo. Dicen que la corteza y patrones de la gema estaban hechos a mano; tan perfectos que parecían más reales que los auténticos. Estaban diseñados específicamente para engañar a un experto como él. Compró varias piezas enormes de golpe, invirtió todo su capital y, al cortarlas, resultaron ser pura piedra. Con unos cuantos golpes de esos, lo dejaron sin un centavo. Su flujo de efectivo está completamente destruido.

—Un corte te hace rico, otro te deja en la ruina. El que juega con fuego, termina quemándose. —Joaquín soltó una risa seca—. Si no fuera tan ambicioso, nadie habría podido aprovecharse de él.

Felisa recordó al instante la deslumbrante gema con ventana que había visto en la villa de Quintín. Sin duda, también era falsa.

Con razón la ingenua de Bianca había caído en la trampa tan fácilmente.

Pensándolo bien, desde ese día, Bianca no había vuelto a casa.

Seguro se había gastado los dos millones y, por miedo a enfrentar la furia de su padre, no se atrevía a dar la cara.

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