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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 165

Los ojos de Felisa reflejaban una calma absoluta.

“Porque en ese entonces te amaba. Te amaba tanto que preferí esconder todo mi brillo y ser una chica común a tu lado. Sabía que venías de abajo, que tenías un orgullo enorme y me daba miedo que sintieras que te estaba dando limosna. No quería lastimar tu frágil ego”.

Había pensado en cada detalle por él, esperando a que fuera lo suficientemente fuerte y exitoso para confesarle toda la verdad.

Pero Alfonso no supo esperar y ni siquiera le dio la oportunidad de hacerlo.

El corazón de Alfonso se sintió como si una mano invisible lo estuviera estrujando con violencia. Se quedó sin aire.

La culpa, el arrepentimiento y la humillación lo devoraron por completo.

Cayó de rodillas frente a ella y se aferró a sus piernas.

“Felisa, me equivoqué, de verdad me equivoqué...”.

Su voz sonaba desgarrada, con un llanto desesperado. Levantó la vista, mirándola con súplica.

“Te lo ruego, dame una última oportunidad. Castígame como quieras, pero no me dejes, no me abandones... Te lo juro, no puedo vivir sin ti...”.

Si él hubiera reaccionado así, arrodillado y llorando, el día que ella descubrió su infidelidad, quizás se habría ablandado y lo habría perdonado.

Pero... todo eso ya era parte del pasado.

Ella ya había cortado todos los lazos emocionales con él.

...

Torre Draconis.

El imponente edificio se alzaba en la zona financiera de Santa Fe.

Yahir Hernández estaba sentado detrás de su inmenso escritorio de ébano, con la espalda recta.

Tenía la mirada baja, revisando unos documentos. Sus largas pestañas proyectaban una sombra fría sobre su rostro. Su mano sostenía el bolígrafo con firmeza. La luz del sol de la tarde se filtraba por el ventanal, bañándolo en un tono dorado que resaltaba su aura de poder, distante e intocable.

Pablo Quiroga tocó la puerta y entró.

“Señor Hernández, Alfonso Lozano llegó a Santa Fe. En este momento está con Felisa”.

Yahir detuvo el bolígrafo. Levantó su mirada oscura. “¿Dónde?”.

“En el Bistro del Río, frente a la oficina de ella. Entraron a un salón privado”, respondió Pablo con sinceridad. Al ver que la expresión de su jefe se volvía sombría, bajó la cabeza rápidamente.

De verdad no quería tener absolutamente nada más que ver con él.

La poca paciencia que le quedaba ya se había esfumado.

Paseó la mirada por los adornos de la mesa, considerando seriamente si debía golpearlo en la cabeza para noquearlo.

De pronto, la puerta se abrió.

Yahir, con un cigarrillo entre los labios, observó la escena con ojos oscuros. Su voz, cargada de sarcasmo, resonó en el lugar, cortante y helada.

“¿Qué numerito es este? ¿Un drama barato?”.

Al escuchar la voz del hombre, Felisa se tensó, pero al voltear se encontró con esos ojos profundos y misteriosos.

“Cariño, alguien está intentando robarte a tu novia. ¿No vas a hacer algo?”.

Los ojos de Alfonso se volvieron amenazantes. Clavó su mirada llena de hostilidad en el hombre que acababa de aparecer.

Ese era el maldito tipo que le había arrebatado a Felisa.

Yahir dio un paso al frente, tomó a Felisa por el brazo con firmeza y miró a Alfonso, que seguía arrodillado. Con voz gélida, ordenó: “Suéltala”.

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