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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 199

Al poco rato, Luciana terminó su sesión.

—¡Señorita Olmos, la busca Claudia!

Uno de los asistentes del estudio se acercó a darle el recado.

Luciana se detuvo en seco y alzó la vista hacia ella.

Al ver a Claudia esperándola con esa sonrisa afable, sintió un nudo en el estómago. La última vez, la vicepresidenta le había exigido que "bajara un poco sus humos" y acompañara a cenar a un par de inversores. Ella se negó rotundamente y Claudia la destrozó a gritos, diciéndole que era una inútil sin remedio.

Desde aquel día, el trato que recibía de su jefa había sido distante y frío.

¿Qué mosca le picó para que hoy se dignara a venir a buscarla?

Se acercó a ella y preguntó en voz baja:

—Claudia, ¿se le ofrece algo?

La vicepresidenta sonrió y, sorpresivamente, le tomó la mano con gesto maternal.

—Luciana, siempre te he dicho que tienes una estrella muy brillante. La presidenta Valenzuela, de la marca Vitti, te ha echado el ojo y quiere hablar contigo sobre un contrato como embajadora.

Luciana retiró su mano sutilmente y su voz se volvió más fría.

—Claudia, ya se lo dije. No hago favores especiales ni acompaño a cenar a nadie.

Ella había entrado a este mundo porque le apasionaba la actuación y, por supuesto, para ganarse la vida. Jamás se le cruzó por la cabeza venderse para conseguir un contrato o un papel. Si le pedían que cruzara sus límites morales, ella prefería perderlo todo.

Este medio estaba lleno de trampas; si tu voluntad flaqueaba, terminabas hundida en el fango. Eso de ir a bares con empresarios, ofrecerse en las camas o usar el cuerpo como moneda de cambio por favores, era algo que detestaba desde el fondo de su corazón.

—Sé que no te gusta seguirle el juego al sistema, pero esto es diferente —dijo Claudia, empujándola suavemente hasta quedar frente a Felisa—. Ella es la presidenta Valenzuela y quiere tener una entrevista privada contigo.

Luciana miró a la hermosa mujer que tenía delante y se quedó de una pieza. ¡La gran jefa de la que todos hablaban era una mujer!

—Presidenta Valenzuela, es un honor.

Se recompuso de inmediato y extendió su mano a modo de saludo.

Felisa se la estrechó con delicadeza, la soltó enseguida y le habló con una sonrisa amable.

—La señorita Olmos es aún más impresionante en persona que en fotos. ¿Le parece si buscamos un lugar más tranquilo para conversar?

A Felisa le encantó.

—Señorita Olmos, ¿qué tanto sabe de la marca Vitti?

Luciana, manteniendo una actitud profesional, respondió con aplomo.

—La joyería Vitti nació hace décadas como un pequeño taller. Se abrieron paso a punta de dedicación y prestigio artesanal. No les interesa ser tendencia de la noche a la mañana, ni ganar dinero fácil; se enfocan en la pureza del diseño y la excelencia de cada pieza. Son una marca con un legado real, de las que ya no quedan.

Una chispa de aprobación brilló en la mirada de Felisa.

—Perfecto. Hoy vine personalmente a invitarla para que se convierta en la embajadora de la joyería Vitti.

Luciana se quedó pasmada. Después de unos segundos, se atrevió a preguntar:

—En esta industria sobran talentos. ¿Por qué me eligió a mí, señorita Valenzuela?

Felisa la miró con absoluta firmeza.

—Vitti llegó hasta donde está gracias a su perseverancia, su enfoque y porque nunca se rindieron ante lo comercial. Usted ha estado años en este círculo y nunca ha bajado la cabeza, nunca se ha vendido, ni ha permitido que el lodo de la industria la manche. Ese temple, esa claridad y esa integridad encajan a la perfección con el alma de Vitti. Estoy segura de que usted es exactamente la persona que estaba buscando.

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