Desde que eran pequeñas, Bianca nunca se había llevado bien con ella. Tal vez porque su padre la prefería, lo que generaba un desequilibrio emocional en Bianca y la obligaba a competir en todo.
"¡Tanto escándalo! ¿Qué forma de comportarse es esta?".
Al escuchar el ruido, Lorena Silva salió. Al ver a Felisa, se quedó de una pieza.
"Felisa, volviste".
Su tono fue neutral, nada cálido.
Felisa saludó cortésmente: "Lorena".
Lorena asintió. "Tu papá está en el despacho. Ve a buscarlo".
Detrás de ella, Lorena comenzó a regañar a su hija.
"Eres una señorita, ¿cómo puedes gritar de esa manera? ¿Qué te he enseñado?".
"¡Mamá, ella se pasó de la raya, me provocó a propósito!".
Felisa llevó su maleta a su habitación antes de ir al despacho.
"Papá".
Ricardo Valenzuela levantó la vista y sonrió con calidez. "¿Ya regresaste?".
"Sí".
"¿Ya solucionaste todo por allá?".
"Sí".
"Puesto que has regresado, no pienses en nada más. En cuanto a la familia Hernández... dejemos que el destino decida".
La familia Hernández de Santa Fe pertenecía a la élite más alta; las familias que querían unirse a ellos por matrimonio se peleaban por la oportunidad.
En aquel entonces, él y Felisa habían salvado por casualidad a Don Arturo Hernández de un infarto repentino. Quién iba a pensar que, después del incidente, sería el propio anciano quien propondría que Felisa se uniera a la familia Hernández.
Él se sintió tan abrumado por esa bendición caída del cielo que aceptó el compromiso sin siquiera preguntarle a Felisa qué pensaba.
Cuando Felisa se fue sin despedirse hace tres años, al día siguiente acudió personalmente a disculparse con Don Arturo. Aunque el anciano no dijo una sola palabra dura, la tensión en el ambiente y su rabia disimulada fueron evidentes para Ricardo.
"¿Hola?".
"¡Felisa, soy yo, Camila Méndez!".
Felisa la recordaba: era la recepcionista de la empresa de Alfonso, una chica muy amable y entusiasta.
"Hola, Camila. ¿Qué sucede?".
"¡Felisa! Esta tarde, los representantes de Corporación Draconis vinieron a Vento Corp. Cuando el señor Lozano se enteró de que les habías vendido tus acciones a ellos, se volvió loco de furia. Mandó a todos a buscarte. ¡Por favor, escóndete bien y no dejes que ese desgraciado te encuentre!".
Felisa sonrió. "Al avisarme, ¿no tienes miedo de que él se entere y se desquite contigo?".
"¡No me importa, a lo mucho renuncio! Hace tiempo me di cuenta de que entre él y esa tal Isabella había algo raro. Pensé que era ella quien se le insinuaba de forma patética, pero resultó que... ¡Puaj! Y todavía fingía ser el hombre más enamorado del mundo. Qué asco".
Así era. Alfonso había proyectado también la imagen de ser el novio perfecto, tanto que incluso ella, quien había compartido su vida durante tres años, no notó nada raro. ¿Cómo iban a notarlo los demás?
Tras colgar, sacó el chip de su celular y lo arrojó al inodoro, bajando la palanca.
Ya que había decidido dejar todo atrás, ¡iba a cortar de raíz cualquier vínculo con San Cristóbal!

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