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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 228

Luciana detuvo sus pasos, levantó la mirada lentamente y la observó con calma.

—Es mucho mejor que otras personas, que tienen que fingir un romance con el señor Casal y vender su cuerpo para robarse los proyectos de los demás.

El rostro de Vanessa se encendió de furia por la humillación, y le lanzó una advertencia llena de veneno.

—Si vuelves a decir semejante estupidez, ¡te juro que te romperé la cara!

Si no fuera porque esta mosca muerta andaba esparciendo rumores para arruinar su reputación, el señor Ignacio no la estaría ignorando hasta el día de hoy.

—El que nada debe, nada teme —respondió Luciana con expresión fría—. Si me atrevo a decirlo, es porque tengo pruebas en mis manos. Te sugiero que no te metas conmigo, a menos que quieras buscarte un problema.

Al ver que Luciana se daba la vuelta para irse, el pánico se apoderó de Vanessa. La agarró del brazo con fuerza, sin poder ocultar la desesperación en su rostro.

—¿Qué clase de pruebas tienes?

Luciana se soltó con un movimiento brusco, le dedicó una sonrisa cargada de desprecio y no dijo ni una sola palabra más.

Quería que Vanessa supiera que tenía un as bajo la manga, pero sin revelarle de qué se trataba. Esa sensación de incertidumbre, de tener el alma pendiendo de un hilo, era la tortura más exquisita.

Vanessa se quedó mirando su espalda alejarse; la frialdad en sus ojos se intensificó, pero su corazón latía desbocado por el pánico. Decidió de inmediato ir a la sede de Vitti para hablar con Elena Valdés cara a cara.

—Disculpe, ¿tiene una cita programada?

—Soy Vanessa Rojas, conozco a Elena personalmente. Pronto seré la embajadora de la marca Vitti en Latinoamérica, ¿acaso necesito una cita?

—Lo siento, pero sin una cita previa, la directora Elena no tiene tiempo para recibirla.

—La voy a llamar en este momento.

Frente a la recepcionista, Vanessa marcó directamente el número de Elena.

El teléfono fue contestado rápidamente.

—Elena, hola, soy yo, Vanessa. Estoy aquí abajo en la recepción de la empresa, me gustaría reunirme contigo un momento.

Las puertas de metal se cerraron lentamente, cortando de raíz la tensión entre ambas mujeres.

—Felisa, por fin llegas.

En cuanto la vio entrar a la oficina, Elena se levantó con una gran sonrisa para recibirla.

Felisa le entregó la elegante caja que llevaba en la mano, con una sonrisa afable.

—Un pequeño detalle.

Elena abrió la caja. Un reloj de diseño minimalista, pero de una textura y calidad excepcionales, reposaba sobre un cojín de terciopelo. Sus ojos se iluminaron al instante y su voz reflejó una sorpresa genuina.

—Este es... ¿el modelo de edición limitada para Asia de Patek Philippe de este año?

Lo examinó con fascinación durante un momento antes de soltar una risita emocionada.

—Llevaba muchísimo tiempo detrás de este reloj, pero lamentablemente la marca solo lo vende a sus clientes VIP más exclusivos, ni siquiera califiqué para comprarlo. No puedo creer que hayas logrado conseguirlo.

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