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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 230

—Pero nunca dije que la elegida fueras tú.

El color desapareció del rostro de Vanessa de inmediato.

—Si no soy yo, ¿entonces es ella?

—Adivinaste. Es Luciana —Claudia giró la cabeza y le ordenó a su artista—: No pierdas tiempo, sube de una vez.

Al ver que intentaban marcharse, Vanessa dio un paso al frente para bloquearles el paso.

—¡Claudia, debes estar equivocada! Elena me dejó muy claro que yo era su favorita, ¿cómo es posible que haya elegido a Luciana?

—La vicepresidenta de la empresa que maneja la representación exclusiva de Vitti en Latinoamérica eligió personalmente a Luciana como embajadora. El señor Casal está al tanto de todo. Vanessa, deja de hacer un escándalo.

Vanessa fue incapaz de asimilar la realidad; sus ojos se llenaron de un odio profundo que clavó como dagas sobre Luciana.

—¡Maldita, me robaste la campaña!

Y sin pensarlo dos veces, se abalanzó para atacarla.

Claudia le agarró la muñeca con firmeza, lanzándole una mirada cortante como el hielo.

—Vanessa Rojas, ¿qué es eso de "tu" campaña? Hasta que el contrato no esté firmado, cualquier cosa puede pasar. Luciana, sube ya, no llegues tarde.

Luciana asintió y caminó rápidamente hacia los ascensores.

—¡Sandra, detenla! —gritó Vanessa histérica hacia su asistente, intentando zafarse del agarre de Claudia sin éxito.

Sandra Fuentes dudó; miró a Claudia, claramente aterrada por las posibles consecuencias.

Al ver que Luciana estaba a punto de entrar al ascensor, Vanessa perdió por completo el control.

—¡¿Qué diablos haces ahí parada?! ¡No olvides para quién trabajas!

Justo cuando Sandra iba a dar un paso, Claudia habló con tono tranquilo:

—Sandra, si te atreves a mover un dedo hoy, mañana no te molestes en presentarte en Estelar Media. Piensa bien si estás dispuesta a enfrentar la furia del señor Casal.

Esa sola frase paralizó a Sandra en el acto.

Ofender a Vanessa significaba, en el peor de los casos, que la cambiarían de artista; pero ofender a Ignacio Casal significaba que nunca más podría volver a trabajar en toda la industria del entretenimiento.

No fue hasta que las puertas del ascensor se cerraron por completo que Claudia soltó la muñeca de la actriz, hablándole con voz glacial.

—Vanessa, te has acostumbrado tanto a la buena vida estos últimos años que de verdad crees que eres intocable, ¿no? ¿Acaso perdiste la noción de dónde estás parada?

—Estaba evaluándote, pero perdiste por tu propia estupidez. Fuiste tú quien entregó en bandeja de plata esta oportunidad, ¿y ahora vienes a quejarte con el mundo?

El cuerpo de Vanessa se tambaleó. Se acercó y se aferró desesperadamente al brazo de Claudia.

—¡Claudia, te lo suplico! Por los años que hemos trabajado juntas, ¡ayúdame! ¡De verdad no puedo perder esta oportunidad!

—Lo siento, pero no puedo hacer nada por ti —respondió Claudia, zafándose del agarre—. En lugar de rogarme a mí, deberías ir a suplicarle al señor Casal.

Tras decir esto, dio media vuelta y se marchó.

Vanessa, al recuperar la compostura, sacó su teléfono temblando para llamar a Ignacio, pero nadie contestó la línea.

Su rostro, habitualmente tierno e inocente, comenzó a retorcerse de malicia.

Esto no podía estar pasando.

¡Si ella no podía tenerlo, esa maldita de Luciana tampoco se lo merecía!

Giró la cabeza bruscamente hacia Sandra, con una voz cargada de veneno.

—Dime... si Luciana sufriera un accidente, ¿crees que el contrato seguiría siendo suyo?

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