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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 50

Después de pronunciar esas palabras, Fabián subió al escenario para dar inicio oficial a la celebración.

Felisa dejó escapar un largo suspiro. Finalmente liberó la tensión que llevaba acumulada, tomó una copa de champán y se la bebió de un solo trago.

De pronto, sintió una mirada ardiente e intensa sobre ella, imposible de ignorar. Alzó la vista y sus ojos se encontraron de inmediato con la mirada profunda y oscura del hombre.

Yahir estaba apoyado en la barandilla del segundo balcón. Sostenía una copa con elegancia y en sus labios se dibujaba una sonrisa misteriosa; no le quitaba los ojos de encima.

El corazón de Felisa dio un vuelco, y el recuerdo de ese beso salvaje y apasionado irrumpió en su mente. Avergonzada, apartó la mirada de inmediato.

—Enzo, esa gatita tuya es mucho más fiera de lo que aparenta.

Rodrigo soltó una carcajada. Si cualquier otra mujer hubiera sido el blanco de semejante humillación pública, se habría echado a llorar amargamente. Pero Felisa mantuvo la cabeza fría todo el tiempo. No solo descubrió la cámara oculta, sino que contraatacó sin piedad, manejando la situación a la perfección.

Aunque, para ser justos, de no haber sido por las cámaras, habría sido muy difícil demostrar su inocencia.

—Si fuera tan dócil como parece, no habría escapado hace tres años. —Yahir desvió la mirada con indiferencia, dio media vuelta y entró al salón privado.

Por otro lado, Felisa esperó a que el señor Valente se quedara solo y de inmediato se acercó a él, hablando con mucha sinceridad.

—Señor Valente, buenas noches. Soy Felisa Valenzuela. ¿Podría concederme cinco minutos para hablar en privado?

Valente había sido testigo de todo el escándalo. A pesar de que Felisa logró probar que ella no tuvo la culpa, la vergonzosa disputa familiar había dejado una pésima impresión.

Para él, un entorno familiar estable era más importante que el crecimiento desmedido de las ventas. Creía firmemente que solo con armonía en casa se podía mantener el ánimo de un equipo para lograr que una empresa prosperara a largo plazo.

—Lo siento, señorita Valenzuela. Por el momento, no tengo intención de colaborar con la empresa Valenzuela.

Valente no le dio margen de maniobra y le cerró la puerta en la cara.

Felisa iba a tratar de persuadirlo, pero él se lo impidió.

—Con permiso.

Apenas empezaba la batalla y el veneno de Bianca ya había estropeado sus planes.

Apretó los dientes y lo alcanzó.

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