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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 6

"Ahora que has vivido un poco mejor, ¿se te olvidó de quién dependes?"

El oxígeno desapareció repentinamente. Felisa luchó con todas sus fuerzas, su hermoso rostro se tornó rojo por la falta de aire, pero sus ojos lo fulminaban con odio.

Alfonso, al toparse con esa mirada gélida y llena de repulsión, volvió en sí. Al darse cuenta de lo que estaba haciendo, soltó su agarre de golpe.

"Felisa... no fue mi intención. Es tu culpa por decir cosas que me hacen perder la cabeza..."

Incluso en ese momento, tenía la audacia de culparla a ella.

Era asombroso lo fiel que era a su propia bajeza.

Felisa retrocedió tropezando, apoyándose contra el escritorio para no caer, jadeando desesperadamente como un pez fuera del agua.

"Es solo que te amo demasiado y no puedo soportar la idea de perderte..."

Un destello de arrepentimiento cruzó por el rostro de Alfonso. Intentó acercarse a ella, pero Felisa reaccionó como un gato acorralado.

"¡No te acerques!"

Alfonso se detuvo en seco.

"A partir de este segundo, tú y yo terminamos para siempre. De ahora en adelante... no tenemos nada que ver. De lo que es mío, no tocarás ni un centavo. Si intentas alguna jugarreta, te juro que haré que todo el internet disfrute de tu video íntimo con Isabella Quintana."

Una vez en el auto, hizo una llamada telefónica.

"Corten cualquier tipo de apoyo financiero y empresarial a Vento Corp."

Luego contactó al agente inmobiliario para reducir el precio de la casa en trescientos mil pesos, exigiendo una venta inmediata.

Esa misma tarde, alguien fue a ver la propiedad y se cerró el trato.

Empacó sus cosas y envió algunas cajas a la casa de su familia en la capital.

Todas las pertenencias de Alfonso terminaron en la basura.

Sin una pizca de remordimiento, arrancó el auto y se fue.

Esa noche se instaló en un hotel cinco estrellas de San Cristóbal.

Al atardecer, Alfonso condujo hasta la casa. Al ver que el lugar, que siempre solía estar iluminado esperándolo, estaba sumido en la oscuridad, frunció el ceño.

Antes, sin importar la hora a la que llegara, Felisa siempre salía a recibirlo en cuanto escuchaba el motor de su auto.

Al intentar entrar, descubrió que la contraseña de la cerradura había sido cambiada.

Capítulo 6 1

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