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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 69

Felisa presionó el botón para contestar.

—¿Bueno?

Nadie respondió al otro lado, solo se escuchaba una respiración muy leve, casi imperceptible.

Endureció el tono de voz:

—Si no vas a hablar, voy a colgar.

—Felisa, soy yo.

En cuanto escuchó esa voz, colgó de inmediato, bloqueó el número y lo mandó a la lista negra.

Adriana la miró extrañada.

—¿Quién era?

—Alfonso Lozano.

—¿Todavía no se rinde contigo?

—Antes de irme de San Cristóbal, le vendí la mitad de las acciones de Vento Corp a su peor enemigo —respondió Felisa con una naturalidad absoluta, como si hablara del clima.

—¡Qué jugada tan maestra! —la elogió Adriana de todo corazón, aunque no pudo evitar preocuparse—. Pero entonces debe estar furioso. ¿Y si viene a buscarte problemas?

—¿Con qué derecho me va a reclamar? —Felisa soltó una carcajada fría—. Sin mí, ¿acaso habría llegado a donde está?

Con el talento que tenía, quizá Alfonso podría haber logrado una vida decente, pero jamás habría podido levantar Vento Corp de la nada ni hacerse un nombre en el mundo de los negocios.

Adriana titubeó un segundo.

—Entonces, ahora mismo... ¿todavía sientes algo por él?

—Eso quedó enterrado hace mucho.

Desde el momento en que se fue de San Cristóbal, esa historia se terminó para siempre.

No iba a permitir quedarse atrapada en una relación tóxica, desgastándose inútilmente.

...

Tras salir de la ducha, Felisa se acostó en la suavidad de su cama.

La silueta borrosa de la foto que vio en la tarde seguía dándole vueltas en la cabeza. Para cuando reaccionó, ya le había enviado un mensaje a Yahir Hernández:

[Sr. Hernández, ¿a qué ciudad se fue de viaje?]

Justo cuando iba a borrarlo, entró una llamada suya.

—Señorita Valenzuela, no llevo ni un día fuera y ¿ya me extrañas tanto?

La voz profunda y seductora llegó a través de la bocina con un toque de burla. El ruido de fondo desapareció en cuanto se escuchó el clic de una puerta cerrándose.

Felisa carraspeó ligeramente.

—No se haga ilusiones, solo preguntaba por curiosidad.

—A Puerto Coral. —Yahir hizo una pausa, con la sonrisa evidente en su tono—. ¿Vienes a buscarme?

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