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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 68

¿Acaso no he sido siempre así? —respondió Felisa con una leve sonrisa, dejando entrever un tono inusualmente relajado.

—¿Qué tal tus primeros días en la empresa? ¿Ya te acostumbraste? ¿Nadie te ha puesto el pie?

—Todo bien. Conté con un apoyo inesperado, así que fue bastante fácil.

Felisa se quitó el abrigo, lo colgó en el perchero y se sentó frente a ella.

Tomó el café caliente que Adriana le ofreció y deslizó los dedos por la superficie de la taza mientras observaba a su alrededor.

—Han pasado tres años y este lugar sigue exactamente igual.

En sus años de universidad, este era su refugio favorito. Un rincón tranquilo, elegante y con comida deliciosa que, con el tiempo, se convirtió en el punto de encuentro secreto de ambas.

—Sí, sigue igual —suspiró Adriana—. Pero hace rato que llegué, hablé con la dueña y me dijo que planea cerrar pronto.

—¿Por qué? —Felisa se sorprendió.

—Su hija está muy enferma y necesita dedicarse a cuidarla a tiempo completo.

—Qué lástima.

—¿Y si compramos el lugar? Sería una buena forma de ayudarla.

Felisa la miró a los ojos.

—¿Lo dices en serio?

—Sí —Adriana asintió—. La pequeña empresa que me dejó mi padrastro nunca ha despegado del todo y estaba pensando en liquidarla. Si compramos El Remanso, yo podría administrarlo.

—Entonces, hablemos de números con la dueña antes de irnos.

Mientras cenaban, Adriana soltó de repente:

—En unos días hay reunión de exalumnos de la universidad. ¿Vas a ir?

Felisa frunció ligeramente el ceño. La verdad es que no tenía ninguna intención de asistir.

—¿Tú sí vas?

—Sí —un brillo imperceptible de esperanza asomó en los ojos de Adriana—. Escuché que Fabio Calderón también estará ahí.

—Ya pasaron tres años, ¿todavía no lo superas?

Felisa estaba genuinamente sorprendida. Desde que se graduaron, no había vuelto a escuchar ese nombre de los labios de Adriana.

—No es tan fácil borrarlo de mi mente.

Había sido su primer amor.

De no ser por aquel malentendido, jamás habrían llegado a la ruptura. Adriana siempre intentó explicarse, pero Fabio no le dio ni una sola oportunidad; se fue del país sin siquiera despedirse.

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