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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 73

Hugo Vargas respondió en voz baja:

—Encontré a alguien con el mismo nombre y apellido que Felisa, pero podría ser un error. Necesito investigarlo más a fondo.

—¿A qué te refieres? —La mirada de Alfonso se volvió aguda al instante y se clavó en él.

Hugo le entregó rápidamente el iPad.

—La Felisa Valenzuela que encontré es la hija mayor de la Corporación Valenzuela, graduada de una prestigiosa universidad de élite en Santa Fe... Solo que aún no he podido conseguir una foto suya.

En este mundo, no eran pocas las personas que compartían el mismo nombre y apellido.

Quizás era solo una coincidencia.

Alfonso bajó la mirada, revisando con indiferencia la información sobre Felisa Valenzuela en la pantalla.

Su estatura y rasgos coincidían con los de la mujer que él recordaba, pero su origen y familia eran mundos distintos a los de la Felisa que él conocía.

Felisa le había dicho que había crecido sola con su abuelo, y que, tras su muerte, no le quedaba nadie más en el mundo.

Si realmente fuera una chica de la alta sociedad, nunca habría ido a vivir a aquel apartamento alquilado en el barrio antiguo, y mucho menos se habrían conocido.

Alfonso le devolvió el iPad, llevándose una mano a las sienes palpitantes, y ordenó con voz fría y pesada:

—Sigue buscando. Pase lo que pase, tienes que encontrarla.

Hugo dudó un instante, pero decidió tantear el terreno con cautela.

—Señor Lozano, el hecho de que busque a Felisa... ¿es para pedirle perdón o para vengarse de ella?

Si era lo segundo, no estaba dispuesto a ser cómplice de algo tan miserable.

La mirada de Alfonso se enfrió, sus ojos oscuros destilaban hielo.

—¿Qué intentas decir?

Bajo esa mirada sumamente intimidante, Hugo se armó de valor y habló como si se preparara para lo peor.

—Solo pienso que Felisa estuvo a su lado durante tres años y le entregó su corazón... Fue usted quien la lastimó. Ella es inocente, no merece que la traten así.

—¿De verdad crees que la busco para vengarme?

Hugo asintió vigorosamente.

Alfonso no dijo nada más. Giró la cabeza lentamente para mirar por la ventanilla. En el fondo de sus ojos oscuros se arremolinaba un torbellino de emociones complejas e indescifrables.

Adriana Castro solo había visto fotos antiguas que Felisa le había mostrado de Alfonso vistiendo ropa de trabajo, jamás lo había visto en persona.

El hombre medía más de un metro ochenta, llevaba un traje impecable, tenía facciones apacibles y una postura erguida, pareciendo todo un ejecutivo de élite.

Para que la llamara con tanta confianza, ¿sería acaso un nuevo pretendiente?

—Alfonso Lozano.

Adriana se quedó de piedra.

—¿No se suponía que estaba en San Cristóbal? ¿Qué hace en Santa Fe? ¿No me digas que vino a vengarse de ti?

—Tienes mucha imaginación.

—¿Cómo puedes reírte? ¿No tienes miedo de que te haga algo?

El rostro de Felisa permaneció impasible, con una mirada gélida.

—El que cometió el error fue él, ¿qué cara va a tener para vengarse? No hablemos más de él. En un rato ayúdame a elegir un vestido; mañana por la noche me voy a reunir con Enzo, y ni siquiera sé qué tipo de chicas le gustan.

—Sea cual sea su tipo, ¡a ningún hombre le gustan las feas! —Adriana no tardó en ofrecer su consejo—. Ponte algo sensual. Como siempre ha vivido en el extranjero, seguro que le gustan las latinas atrevidas.

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