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ÉL ME QUERÍA SUMISA, NO REINA romance Capítulo 77

—Señor Hernández, no bromee. Pase lo que pase, yo jamás traicionaría mi matrimonio.

El hombre frente a ella era uno entre un millón, tanto en físico, como en atractivo y presencia. Si no estuviera comprometida, tal vez se habría enamorado de él y habría estado dispuesta a pasar un rato más a su lado.

Lamentablemente, por muy maravilloso que fuera, él no era su prometido.

Había escuchado que el líder de la familia Hernández era un hombre conservador, estricto y extremadamente aburrido. Aun así, era un hombre poderoso e influyente, y lo que menos toleraría sería que le pusieran los cuernos.

No sabía con exactitud quién era Yahir Hernández, pero estaba segura de que, por muy poderoso que fuera, jamás podría sobrepasar a Enzo.

Yahir arqueó una ceja, con una sonrisa relajada.

—Señorita Valenzuela, no se apresure a rechazararme. Si algún día se arrepiente, no le daré una segunda oportunidad.

—Ya lo tengo muy claro. Será mejor que le ofrezca esa oportunidad a otra persona.

Lo empujó con fuerza, giró el pomo de la puerta y estuvo a punto de salir corriendo.

Pero al ver de reojo esa figura familiar al final del pasillo, su rostro palideció de golpe y retrocedió rápidamente hacia el interior.

Yahir se apoyó perezosamente contra la pared, observando a la mujer que acababa de regresar, y detuvo su acción de encender un cigarrillo.

—Señorita Valenzuela, ¿se puede saber qué significa esto?

—¡Shh!

Felisa le hizo un gesto de silencio.

Alfonso creyó haber visto una figura idéntica a la de Felisa subiendo las escaleras, y la siguió casi de inmediato.

En un evento de ese nivel, era imposible entrar sin invitación.

Al principio había dudado de las palabras de Mauricio Cortés, pero al ver a esa figura tan familiar, se sintió aún más confundido.

Felisa... ¿quién era ella realmente?

Buscó en cada salón privado, tratando de contener la ansiedad que le hervía por dentro.

¿Por qué Felisa se escondía de él?

¿Tanto asco le daba verlo?

Al escuchar los pasos que se acercaban cada vez más a la puerta, Felisa encogió ligeramente los dedos.

Justo en el momento en que giraron el picaporte desde afuera, se abalanzó hacia el hombre, lo agarró del cuello de la camisa, se puso de puntillas y lo besó.

Los ojos de Yahir se oscurecieron al instante.

Esta mujer no dudaba ni un segundo cuando se trataba de usarlo.

"¿Ya te acostumbraste a utilizarme?"

Y la mujer a la que ese hombre sostenía en brazos... el color de la ropa que asomaba, también era camello.

Al darse cuenta, dio media vuelta de inmediato y corrió de regreso al salón de hace un momento.

Sin embargo, ya no había nadie allí.

Solo flotaba en el aire un ligerísimo aroma a gardenias.

Ese aroma... lo había olido durante tres años, y cada noche se había dormido sintiéndolo.

Era el perfume de Felisa. Jamás podría confundirlo.

Alfonso bajó las escaleras como un loco, buscando aquella figura por todas partes.

¡Ninguna de ellas era Felisa!

La sala de seguridad.

Sí, tenía que revisar las cámaras del hotel.

Con la excusa de haber perdido un objeto de gran valor, exigió al gerente que le mostrara las grabaciones de seguridad de inmediato.

El gerente puso cara de disculpa.

—Lo lamento, señor. Nuestro hotel se encuentra en remodelación general y el sistema de cámaras está en mantenimiento, por lo que no funciona en este momento. Dígame qué se le perdió y enviaré a mi personal a buscarlo ahora mismo.

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